¿Penurias o Satisfacciones?

22.02
2012

La semana pasada comentaba con un amigo las peripecias de mi último viaje, cuando entramos en el debate de que por qué me gusta este tipo de viaje, si como bien afirmo, en algunos momentos se me hace duro. Es cierto que a nadie le crea una especial satisfacción el pasar 10 horas metido en un taxi brousse africano, enlatado como una sardina, compartiendo 2 asientos entre 3 o 4 personas, sin sitio para las piernas y sin un reposacabezas decente donde poder echar una cabezada. Por descontado todo el mundo prefiere cenar en un buen restaurante, a la luz de una vela y con una buena botella de vino disfrutando de un atardecer en una playa paradisíaca, y yo el primero.

Pero reconozco que en el fondo, quizá tenga algo de masoquista, me gusta el compartir con un africano tantas horas, entablar conversación con él, que me cuente su vida, a que se dedica, por qué está haciendo ese viaje, cuántos hijos tiene, y compartir nuestras vituallas, para así descubrir los mata hambres de ese país. Al final él, extrañado de que un mzungu o un vazahara, en definitiva, un hombre blanco, viaje en el mismo medio que él y no en alguno de esos 4×4 con aire acondicionado que pasan a toda velocidad por los poblados.

En ocasiones incluso acabas cenando en su casa, o compartiendo con toda su familia durante una noche una sencilla cabaña de adobe dónde los adultos celebran tu aparición con regalos y parabienes como el invitado de honor que eres y los niños te observan durante horas sin necesidad alguna de pestañear.

Comiendo con los nuevos amigos

Me viene a la cabeza ese poblado perdido de Madagascar, donde el azar (y el mal estado de mi canoa que hacía agua) hizo que atracásemos en ese rincón perdido de la mano de dios. Mientras el “piragüero” trataba de reparar la canoa (sin éxito, pero eso es otra historia) me di una vuelta por el poblado donde acabé entablando una más que básica conversación con un joven matrimonio. Apenas me había dado tiempo a sentarme en el suelo de su choza dónde me habían invitado para resguardarnos del sol cuando él saco unos arrugados billetes de entre sus escasas ropas y disimuladamente mandó a uno de los chavales que nos observaban desde la entrada, a comprar una limonada para su invitado. Y allí estaba yo, en una choza de adobe, con una raída mosquitera, un par de cazuelas y una estera de paja trenzada como todo mobiliario, bebiendo la limonada con mis anfitriones que compartieron conmigo lo poco que tenían y que no pidieron nada a cambio.

Podría poner mil ejemplos de las situaciones que acontecen al viajar de una forma más independiente. Es cierto que disfruto como el que más de una casa rural con encanto, de un tapeo con los amigos o de un buen vino con una mejor compañía, pero reconozco que mientras la salud me lo permita, seguiré viajando de esta forma, para ver y vivir cosas que de otra forma nunca podría experimentar.

Y sobre todo y lo más importante, el darme cuenta de lo afortunado que soy de vivir en la parte “amable” del mundo, llena de facilidades y comodidades, dónde abres un grifo y sale agua, o tienes luz con sólo pulsar un interruptor a cualquier hora del día. Y no olvidemos, que tenemos la inmensa suerte de tener todas estas cosas, tan solo por la simple casualidad de haber nacido donde hemos nacido, y no unos cientos de  kilómetros más al sur

La Plaza de las Plazas

03.02
2012

En el mundo existen varias plazas famosas: la de Tian’anmen, con el impertérrito retrato de Mao sobre la puerta de la Ciudad Prohibida; o la Plaza Roja de Moscú, con su Kremlin y la colorida basílica de San Basilio al fondo; o la plaza de San Pedro, corazón del Vaticano y parada obligada en toda visita a Roma… Podría seguir enumerando otras distinguidas plazas, pero bien seguro que ninguna tiene la animación, el descontrol, ritmo y el desbarajuste como la Plaza de Djama el Fnaa, en el corazón de Marrakech, la ciudad más alegre de todo Marruecos.

Tan solo existe un lugar en el mundo, y no, no es Roma, donde convergen todos los caminos, y este es sin duda La Plaza, (como la llaman los lugareños). Da igual por donde pasees por Marrakech: Si caminas en dirección contraria a la Plaza, los locales te avisarán de que vas en la dirección equivocada. Y si deambulas perdido por los recovecos de la medina, es como si navegaras por un torrente, al final acabas desembocando en ella. Y es que ésta actúa como si de un delta se tratara, absorbiendo los cientos de callejuelas que fluyen por el interior de la medina. No hay manera de evitarla.

Puesto callejero de La Plaza

La plaza es enorme y de forma caprichosa. Más que una plaza en si misma parece una desordenada unión de pequeñas plazas, donde los vendedores de zumos de naranja, dentistas y cuentacuentos compiten en su diario afán por recabar la atención del turista junto a los encantadores de serpientes, los aguadores y los gnauas, descendientes de los esclavos sudaneses, que amenizan toda la plaza con su repicar de crótalos, tambores y laúdes. Los turistas deambulan sin rumbo fijo por la plaza, y los encantadores de serpientes, siempre al acecho, por unos pocos dirham te colocaran una serpiente sobre los hombros. El quitártela probablemente te cueste bastantes más dirhams….

Pero es al caer la noche, cuando esta peculiar “rave” alcanza su punto álgido. Decenas de puestos de comida ambulantes se instalan en el centro de la plaza. Es en ese momento, con los últimos estertores de claridad, cuando debemos subirnos a una terraza cercana y contemplar la Plaza desde las alturas, siempre custodiada bajo el minarete de la mezquita de la Koutoubia, e iluminada por decenas de faroles de queroseno, y observar como una inquietante neblina asciende del epicentro de la plaza. Te da la sensación de que la tierra se ha abierto, dejando abiertas las puertas del infierno. Y es que decenas de parrillas y calderos se han encendido para ofrecer brochetas, merguez (salchichas especiadas) acompañadas con harira (una deliciosa sopa de lentejas) y otra serie de delicatessen marroquíes. Bien es cierto que la higiene no es el punto fuerte de estos puestos callejeros, pero el ambiente que se respira en ellos bien merece la pena una cena.

Djema el Fnaa al caer la noche

Y nada mejor que, tras vivir esta locura de Plaza, alojarte en alguno de los 600 riads diseminados por el interior de la medina, para descansar del ajetreo vivido en la plaza de Djema el Fnaa, cuya traducción más o menos vendría a ser “asamblea de los muertos”, y es que aquí es donde se celebraban las ejecuciones… Afortunadamente hoy en día nada tiene que ver con lo de antaño, y es que es sin duda una de las plazas más alegres que te puedas encontrar en cualquiera de tus viajes. ¡Y a tan solo 2 horas en vuelo de casa!

 

Iditarod: La Última Gran Carrera

23.01
2012

Nos encontramos en 1925 en Nome, una pequeña localidad esquimal situada en el estrecho de Bering, en Alaska, allí donde América casi se junta con Asia, muy cerca del Círculo Polar Ártico. Se ha desatado una epidemia de difteria, afectando sobre todo a los niños inuit de la pequeña escuela local, desprotegidos ante la enfermedad del hombre blanco. El mar de Bering se encuentra en estas fechas totalmente congelado, por lo que la ayuda marítima es inviable. Los dos únicos aviones con los que cuenta en esta época Alaska son de cabina abierta y nunca han volado en invierno, por lo que la única ayuda posible debe provenir por tierra. Pero la nieve bloquea todos los pasos de montaña que unen Anchorage, la capital de Alaska, con la costera ciudad de Nome.

Aún así se decide intentar lo imposible. Se busca la fórmula para romper el asedio invernal al que está sometida Nome, y la única forma factible es con los medios de transporte tradicionales esquimales: los trineos tirados por perros. Se monta una expedición que, por medio de relevos compuestos por 20 mushers (nombre con el que se denomina a la persona que guía el trineo) y 150 perros, trataran de llevar un paquete de 9 kilos de suero a tiempo para salvar a los niños de Nome. A un viajero de la época, viajar de Anchorage a Nome le podría llevar 3 semanas, pero no hay tanto tiempo. Esta gesta se conoció en su día como la Carrera del Suero a Nome de 1925.

La ruta que sigue la Iditarod

Un tren parte de Anchorage y acerca las vacunas hasta la localidad de Nenana, donde a las 9 de la noche del 27 de enero de 1925 y con un mercurio marcando 46 grados bajo cero, el primer musher, “Wild Bill” Shannon, emprende esta frenética carrera contrarreloj de 1.085 kilómetros, con temperaturas que llegaron a alcanzar los 54 grados bajo cero y vientos de más de 100 kilómetros por hora. Tras 127 horas sin descanso (algo más de 5 días), el noruego Gunnar Kaasen, junto con su perro capitán Balto, alcanzan Nome el 2 de febrero a las 5:30 de la madrugada. La hazaña obtiene repercusión mundial y tanto los mushers como los perros son reconocidos mundialmente. Hoy en día todavía se puede contemplar la estatua de Balto en el Central Park de Nueva York.

El desarrollo de la aviación y de las comunicaciones terrestres provoca que una odisea tal no tenga que volver a repetirse, pero en 1973, y conmemorando la heroica proeza, se instaura la carrera de Iditarod, denominada así por el antiguo nombre de la ruta que cruza Alaska desde Seward, población donde acababa el ferrocarril, hasta Nome.

Cruzando heladas estepas

Desde ese año, el primer sábado de marzo, decenas de mushers y cientos de perros emprenden lo que se llama La Ultima Gran Carrera, rememorando la gesta de hace 87 años y convirtiéndola en el mayor acontecimiento de Alaska. Hoy en día, los mushers y sus perros deben recorrer unos 1800 kilómetros, cruzando 26 controles y dando tres descansos obligados a los perros, uno de 24 horas y 2 de 8 horas, completando así el recorrido en 8 o 9 días, dependiendo del año.

La carrera es todo un espectáculo, siendo retransmitida por todo el mundo y donde miles de aficionados y no aficionados acuden a Alaska para disfrutar de cómo hombres y perros, emulando pasadas heroicidades, cruzan los bellos desiertos helados de estas tierras.

Esta prueba fue tristemente célebre en España en 1980, cuando el pionero defensor y amante de la naturaleza Félix Rodríguez de la Fuente, fallece el 14 de marzo en un accidente de avioneta mientras grababa un documental de la Última Gran Carrera: Iditarod

La Diosa del Universo

11.01
2012

Para todo aquel que viaja a Tíbet, el momento de contemplar el Everest desde la morrena del glaciar de Rongbuk es uno de los momentos estelares del viaje. Tras un penoso paseo de algo más de 5 kilómetros a más de 5.000 metros de altura, llegar extenuado hasta el mirador y contemplar a la Diosa del Universo, o Chomolungma, es la gran recompensa que esperamos todos los que realizamos un viaje por este rincón de Tíbet.

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Feliz Navidad…. ¡Para Todos!

23.12
2011

Os deseamos un 2012 repleto de grandes viajes. Acordaros en estas fechas de excesos de todas las sonrisas, rostros y amigos que habéis hecho durante vuestros viajes, y pensar en cómo serán sus Navidades. No olvidemos lo afortunados que somos tan solo por el simple hecho de haber nacido unos pocos kilómetros más al norte.

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El Torii de Miyajima

15.12
2011

A pocos kilómetros de Hiroshima se encuentra la isla de Itsukushima, o popularmente conocida como Miyajima. Esta isla alberga el templo de Itsukushima, que da nombre a la isla. El torii o entrada a este particular templo se encuentra a varios centenares de metros mar adentro, y ostenta el título de monumento más fotografiado de todo Japón

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Las Cosas Más Curiosas de Birmania

30.11
2011

Birmania (o Myanmar, como prefiere la junta militar regente que se denomine) sorprende por sus paisajes, los templos de Bagan, el Lago Inle, la amabilidad de sus gentes.. Pero si prestas un poquito de atención, descubriras otras peculiaridades que la hacen diferente…

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Varanasi la Espléndida

17.11
2011

Benarés, o Varanasi, la más sagrada de las siete ciudades sagradas, es una delicia en todos los aspectos. Tras perdernos por sus callejones o galis, alcanzaremos el río Ganges, con sus más de 100 ghats o escalinatas donde la vida y la muerte conviven en perfecta simbiosis, tanto como para despedir a sus muertos, realizar ofrendas a los dioses o simplemente como aseo corporal.

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¿Lo Mejor de Argelia?

03.11
2011

Argelia, a menos de una hora de vuelo de Madrid, esconde alguno de los paisajes más sobrecogedores del planeta. Pero no solo serán las ardientes arenas del Sáhara, que muestran en este país su belleza en toda su dimensión las únicas que nos sorprendan, sino que la hospitalidad y buenas maneras de los argelinos, nos generarán sin duda uno de lo más gratos recuerdos de nuestro viaje a Argelia.

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El Placer de Comer

25.10
2011

Sin duda uno de los alicientes de todo viaje es la gastronomía, y es que, ¿Hay algo mejor cada vez que viajamos, que dejarnos llevar por los nuevos sabores que nos ofrece ese país? ¿No es cierto que te ha encandilado algún plato local, y que luego al regresar has tratado de cocinarlo tu mismo o lo has vuelto a probar en ese restaurante de tu ciudad, pero no es lo mismo…? Y es que sin duda, uno de los placeres de todo viaje, es probar esos nuevos sabores que nos sorprendan y que luego recordaremos casi tanto o incluso más, que el famoso monumento que retrataste tantas veces con tu cámara.

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