Los países de los Balcanes son unos eternos olvidados que recién ahora comienzan a abrirse al turismo occidental. A mitad de camino entre Occidente y Oriente fueron testigos del ir y venir de todo el mundo desde los tracios y romanos a los otomanos. Viajar por Europa del Este significa remontarnos a fábulas y leyendas sobrenaturales, deslumbrarnos con los multicolores íconos de los monasterios ortodoxos, perdernos entre aldeas perdidas en vírgenes bosques entre milenarias montañas y premiarnos con una de las gastronomías más simples y deliciosas de todo el continente.
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