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Una bella ciudad Días 1 a 2. Argel nos sorprende nada más aterrizar, y al poco de pasear por sus calles, si en vez de mirar a las aceras donde observamos los tenderetes y mercadillos nos dedicamos a contemplar los edificios dudaremos si estamos paseando por alguna calle de París o de Niza. Edificios neoclásicos pintados de blanco con las ventanas y contraventanas azules, con ornamentos en las fachadas y rematando los amplios ventanales cubren las calles principales mientras que colina arriba, las calles se estrechan y serpentean por la Casbah de la ciudad, que no es solo el mayor puerto del norte africano, sino quizá la ciudad más bonita de esta zona del Mediterráneo.
Adentrándonos en el Sáhara Días 3 a 5 Un viaje en autobús nocturno de unas 7 horas nos llevará a Ghardaia, capital del valle de M´zab. Esta ciudad del siglo XI, puerta de entrada al Sáhara, nos sorprenderá por su animado mercado donde podremos adquiriría artesanía pero sobre todo alfombras y tapices, sus estrechas callejuelas de casas de adobe y su minarete, con su extraña forma piramidal dominando todo el valle, Realizaremos a alguna visita a alguna de las poblaciones cercanas, destacando Beni Isguen, la ciudad más religiosa de todo el valle de M´zab, desde donde podremos contemplar el contraste del verdor del oasis y el palmeral ante la aridez de los montes cercanos.
Ahora empieza lo duro del viaje.. pero también la parte más esperada! Nos adentramos en las profundidades del Sáhara a través de la carretera Trans-Sahariana. El viaje es duro, de unas 15 horas, pero despertarte viendo como los primeros rayos del sol colorean de tonos rosados las dunas del desierto, es una sensación indescriptible, y esto es solo el principio!
La belleza del desierto Días 6 a 12. Llegamos a Tamanrasset, punto de partida de nuestra expedición Sahariana. En un 4x4 conducido por un conductor local y apoyados por un cocinero, recorreremos durante 6 días este rincón del Sáhara, descubriendo el Tassili du Hoggar, uno de los enclaves más espectaculares que nos ofrece el desierto, dunas de arena, ondulantes, suaves y sensuales, catedrales de roca que se levantan disparadas hacia arriba queriendo tocar el cielo con sus dedos, pinturas rupestres, puentes de roca, extrañas formaciones rocosas con las que gracias a la erosión del viento y a la imaginación, podremos imaginar cientos de figuras distintas.
Dormiremos bajo las estrellas, nos levantaremos con los rayos del sol, nuestro cocinero nos preparará suculentas comidas, aprenderemos a ducharnos cuando sea posible (no todos los días, claro está, estamos en el desierto) con tan solo un litro y medio de agua. Puede parecer más duro de lo que en realidad es, pero los paisajes, colores, atardeceres y soledad del desierto, bien merece la pena ese esfuerzo.
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