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EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO Días 1 a 5 Nada
más poner pie a tierra en Jordania, y tras descansar una noche, nos
dirigimos en autobús hasta Wadi Musa, la ciudad moderna que ha nacido a
las puertas de Petra.
La
visita a Petra bien merece el viaje a Jordania. Enclaves como este en
el mundo se pueden contar con los dedos de una mano. El magnífico paseo
por el cañón, el siq, impresionante hendidura natural excavada en la
roca con el paso de los siglos, te hace emular a Indiana Jones en su
última cabalgada en busca de la Última Cruzada, para dejarte absorto a
la vuelta de un recodo con una de las mas espectaculares visiones que
puede contemplar el hombre: el Tesoro de la ciudad rosada de Petra.
Posteriormente
y todavía con la explosión de colores de Petra en la retina, nos
dirigiremos hacia el sur, hasta el desierto del Wadi Rum, uno de los
más bellos del mundo. Con un guía local y en un todo terreno
exploraremos los rincones de este desierto, antigua morada de Lawrence
de Arabia, donde pasaremos noche bajo las estrellas, para poder
contemplar el juego de luces que nos ofrece el atardecer en este lugar.
Partiremos
del desierto rumbo al mar Rojo, concretamente a Aqaba, para pegarnos un
chapuzón entre corales y peces tropicales, y descansar del ajetreo
vivido en los últimos días.
DESCUBRIENDO UN GLORIOSO PASADO Días 6 a 10 Desde Aqaba nos dirigiremos en un taxi o en autobús, hacia Karak
antigua fortaleza cruzada construida para frenar a las tropas de Salah
ad-Din. Ascenderemos por sus almenas a contemplar las magníficas vistas
que se nos ofrecen a los pies antes de partir rumbo a a
Jerash, rival de Petra en cuanto a majestuosidad, ya que fue una de las
grandes ciudades del imperio romano y es una de las urbes romanas mejor
conservadas de todo el mundo, donde podremos pasear por su famosa
avenida columnada para posteriormente visitar el hipódromo y los
distintos templos dedicados a las divinidades romanas.
De regreso a la capital jordana, aprovecharemos para darnos un baño, o
al menos lo intentaremos, en el mar Muerto, que debida a su alta
salinidad, los cuerpos no pueden sumergirse en él y podremos flotar en
el agua mientras leemos un libro o la sal nos hace descubrir alguna
pequeña herida que no teníamos identificada.
Una
vez que nos abandonan los viajeros que solo viajan a Jordania, el resto
cruzaremos la frontera de Jordania y Siria para dirigirnos a Damasco,
donde podremos descansar un par de días paseando intramuros de la
Ciudad Vieja, donde nada más cruzar la muralla, y tras deambular entre
los diversos puestos del bullicioso zoco cubierto de al-Hamidiyya nos
toparemos con una de las mayores construcciones religiosas del mundo,
la mezquita Omeya, en cuyo emplazamiento se lleva orando desde hace más
de 3000 años.
UN MUSEO AL AIRE LIBRE Días 11 a 17 Abandonamos
Damasco e inmediatamente nos encontramos en medio del desierto, que se
extiende desde las puertas de Damasco hasta el océano Índico, y tras un
breve viaje en autobús, emerge en medio de la nada una ciudad
Patrimonio de la Humanidad: Palmira, donde podremos disfrutar del
amanecer paseando por la Gran Columnata o contemplar como va
adquiriendo un tono rosáceo las piedras del magnífico templo de Bel.
Pero
las sorpresas continúan, ya que nuestro próximo destino es un castillo
de sueños infantiles, de caballeros y cruzadas, hasta tal punto que
Lawrence de Arabia lo describió como el Castillo más hermoso del mundo,
denominado Crac de los Caballeros, era el bastión que dominaba todo el
comercio entre el interior y la costa, compuesto por una fortaleza de
anchos muros y 13 torres y rodeada por un foso con el mismo aspecto que
hace 800 años.
El
siguiente destino es Alepo. Con una historia macedonia, romana,
bizantina y otomana, escenario de múltiples batallas, destaca la
Ciudadela defensiva, dominando el resto de la ciudad, donde al pie y en
plena ebullición se encuentra su zoco, donde se nos impregna el aroma
de las fábricas de jabones de aceite de oliva entremezclado con las
especias mientras degustamos un té en cualquiera de los múltiples y
decrépitos cafés; pero es ese aspecto vetusto y desvencijado, sin
apenas turistas, lo que da ese aire mágico a Alepo.
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