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EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO Días 1 a 3 Tras aterrizar en Amman, nos dirigimos en autobús hasta Wadi Musa, la ciudad moderna a las puertas de Petra. La visita a Petra bien merece el viaje a Jordania. Enclaves como este en el mundo se pueden contar con los dedos de una mano. El magnífico paseo por el cañón, el siq, magnífica hendidura en la roca, te hace emular a Indiana Jones en su última cabalgada en busca de la Última Cruzada, para dejarte absorto a la vuelta de un recodo con una de las mas espectaculares visiones que puede contemplar el hombre: el Tesoro de la ciudad rosada de Petra.
Esta ciudad esculpida en la roca por los nabateos en el siglo III AC tiene influencias helénicas y romanas, como se puede observar en el Monasterio o en el Teatro Romano. Pasearemos por el fondo del valle y no perderemos la oportunidad de tener una prodigiosa vista desde lo alto del desfiladero, tratando de encontrar alguna de los extraños lagartos azules.
LAS LUCES DEL DESIERTO Días 4 a 6
Nos dirigiremos hacia el sur, hasta el desierto del Wadi Rum, uno de los más bellos del mundo. Con un beduino y en un todo terreno exploraremos los rincones de este desierto, antiguamente habitado por Lawrence de Arabia, y haremos noche bajo las estrellas, para poder contemplar el juego de luces que nos ofrece el atardecer en este lugar. Saldremos del desierto rumbo al mar, a Aqaba, para pegarnos un chapuzón entre corales y peces tropicales, y relajarnos del tiempo pasado en el desierto.
EL PODER DE LA RELIGION Días 7 a 9 Desde Aqaba nos dirigiremos en un taxi o en autobús, según lo que encontremos antes, a Karak antigua fortaleza Cruzada construida para frenar a las tropas de Salah ad-Din. Nos subiremos a sus almenas a contemplar las magníficas vistas que se nos ofrecen a los pies antes de partir rumbo a Jerash, rival de Petra en cuanto a majestuosidad. Esta ciudad, habitada desde hace 6.500 años, fue una de las grandes ciudades del imperio romano y es una de las urbes romanas mejor conservadas de todo el mundo, donde oriente y occidente convivieron durante largas centurias. Pasearemos por su famosa avenida columnada para posteriormente visitar el hipódromo y los distintos templos dedicados a las divinidades romanas.
Antes de partir de nuevo rumbo a casa, aprovecharemos para darnos un chapuzón, o al menos lo intentaremos, en el mar muerto, que debida a su alta salinidad, los cuerpos no se sumergen en él, y podremos flotar en el agua mientras leemos un libro o la sal nos hace descubrir alguna pequeña herida que no teníamos identificada.
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