Afortunadamente todavía existen rincones perdidos en el mundo a los cuales los impresores de catálogos de viajes todavía no han conseguido hincarles el diente. Esos enclaves no tienen por que encontrarse en lugares recónditos e inaccesibles, sino que simplemente están localizados en países que no exponen sus maravillas en enormes carteles en los metros de medio mundo, y eso permite que esas maravillas pervivan inalteradas en pleno siglo XXI y tan solo reservadas para aquellos viajeros que deciden salirse del sota, caballo y rey al que estamos tan mal acostumbrados.

Uno de esos lugares (permitidme compartir con vosotros este secreto) lo descubrirás si viajas por Centroamérica, y te pierdes en el corazón del lago Nicaragua para encallar en una de las mayores islas del mundo en un lago de agua dulce: La isla de Ometepe.  El nombre deriva de la lengua náhuatl, originaria de los nahuas del imperio azteca y significa ōme ‘dos’ y tepētl ‘montaña, describiendo a la perfección su curiosa orografía en forma de ocho con sus dos volcanes, el Concepción y el Madera unidos por un estrecho istmo.

Este maravilloso enclave no es que haya sido desconocido para el ser humano hasta hace bien poco, sino que desde 1500 años antes de Cristo, avezados exploradores ya se lanzaron a cruzar los 12 kilómetros que separan la isla de Ometepe de tierra firme. La isla continuó poblada durante siglos, tal y como demuestran los petroglifos y demás restos precolombinos que se pueden ver en la isla datados del 300 AC, y en tiempos más modernos servir de cobijo a los piratas que remontando el río San Juan desde su desembocadura en el Caribe, utilizaban esta isla como base para atacar la rica población de Granada, asentada en la cabecera del lago Nicaragua.

 

El volcán activo de Concepción en la isla Ometepe

Además de para disfrutar del carácter afable de los 40.000 ometepinos que pueblan los 276 kilómetros cuadrados de la isla, la principal excusa para acceder a este rincón de Nicaragua es para descubrir la riqueza naturaleza que alberga (por algo ha sigo galardonada como Reserva de la Biosfera por la Unesco).  Y es que en tan pequeño espacio se aglutinan varios tipos de bosque, playas, ojos de agua, dos volcanes (uno de ellos activo) y numerosas aves y especies endémicas. Y es que pasar unos días disfrutando en Ometepe, bañarte en las trasparentes aguas de la laguna de Charco Verde, rodeado de un denso bosque tropical, degustar un sabroso pescado en cualquier restaurante de Moyogalpa, Altagracia o alguna de las pequeñas poblaciones de la isla, nadar en una playa de uno de los mayores lagos del mundo y desafiar al humeante volcán Concepción, con sus 1600 metros de altura, y ascender a sus dominios para asomarte a las entrañas de la tierra y descubrir como se extiende Centroamérica a tus pies desde el techo de la perla perdida de Nicaragua, bien merece perderse unos días por Ometepe.

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