Si piensas que no queda nada de los legendarios cuentos narrados en Las mil y una noches, es que todavía no conoces Omán y sus montañas, desiertos, valles, playas y cañones. En este país se abre paso el turismo, colonizando lo que hace apenas unos años eran aldeas perdidas en parajes inhóspitos, aunque todavía es posible disfrutar de un pueblo auténtico que no ha perdido nada de sus características esenciales. Un lugar seguro, posiblemente el más estable de toda la península arábiga, espera que lo disfrutes tanto en lo salvaje como en sus ciudades que, a pesar de todo, mantienen su sabor milenario. Desde Paso Noreste te invitamos a descubrir este fascinante país.

Con una extensión de más de 300.000 kilómetros, el 80 % de este sultanato es desolador desierto con esplendorosos rincones llenos de belleza, oasis en lechos de ríos y una costa espectacular. Pero, como todo viaje que se precie, el camino comienza en la capital del país, Mascate, donde se tendrá la oportunidad de conocer el carácter afable del omaní y comprobar que estamos en un país árabe con una excelente calidad de vida.

Mascate, una ciudad que no crece por encima de los 100 metros de altura

El Sultán tendría poderosas razones para prohibir construir por encima de los 100 metros de altura, lo que ha configurado una ciudad muy diferente a las grandes capitales de esta península. De este modo, el skyline de Mascate lo protagonizan los cinco minaretes que cortejan la Mezquita del Sultán Qaboos, enorme y pura en su blancura.

Se trata de un templo bastante nuevo, construido en el 2001 para festejar los 30 años de reinado del sultán. Es una auténtica maravilla pasear por sus salas con columnas de mármol de Carrara, patios y jardines, sobre todo si conocemos datos como que la lampara que ilumina la sala de oraciones pesa nada menos que 89 toneladas, que se puede pasear por la segunda alfombra persa más grande del mundo, con unas medidas de 4.343 m2.

Pero, como decimos y como suele ocurrir, el pulso de un país lo tienen sus gentes y donde mejor se conoce la idiosincrasia de un pueblo es en los mercados. De este modo, será en el antiguo zoco, en el barrio de Mutrah, donde la naturaleza de los hombres y mujeres de Omán se muestra tal y como es. Y, tal y como es este zoco, con un baño de color gracias a sus especias y de perfumes, gracias a sus jabones artesanos. Así son ellos, pura esencia árabe.

Otro de los espacios que hay que visitar en la capital es la zona antigua (Old Muscat). Un espacio ubicado majestuosamente entre enormes montañas que, en su día, sirvió para protegerse de las invasiones. Se puede ver aquí el Palacio Presidencial del sultán.

Por último, no hay que dejar escapar la oportunidad de pasear por su pequeño puerto y disfrutar de su gastronomía marinera, aunque para ello tengamos que comer el arroz con las manos en alguno de sus acogedores restaurantes.

Wadi bani Khalid y Wadi Shab, oasis en forma de pozas

Una colección de piscinas con aguas de color turquesa nos espera después de abandonar la capital. Se trata deun oasis de montaña que se forman a partir de aguas que surgen de las rocas erosionando todo lo que tocan para crear fabulosos valles escalonados por pozas de agua fresca y pura. Chiringuitos jalonan todo el territorio al igual que carteles que avisan que hay que ser prudentes a la hora de tomar el baño y no olvidar que estamos en un país musulmán.

El valle del Shab o Wadi Sahb ofrece, además, la posibilidad de hacer trekking por un oasis en el que transitar sin prisas y en absoluto silencio, descubriendo maravillados las piscinas naturales de aguas cristalinas que riegan todo el valle. Este paseo presenta lugares donde descansar y remojarse de singular belleza y tranquilidad. Rincones donde abandonarse en el baño relajado mientas se siente el suave cosquilleo de los peces alimentándose de tu piel.

El Fuerte de Bahla

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Fuerte de Bahla es una imponente fortaleza en mitad de un oasis y un ejemplo clásico de la arquitectura militar de Omán. Es una extraña sensación saber que estás paseando por una estructura que tiene sus primeros cimientos 3.000 años antes de la era cristiana y que permanece habitado por cientos de murciélagos en el interior de sus salas.

El Castillo de Jabreen

En contraposición a las fortalezas, los castillos también servían de residencia a las familias nobles, por lo que el lujo se hace notar en estas edificaciones. En este caso se trata de una construcción defensiva y palaciega que cuenta con cinco plantas y nada menos que cincuenta y cinco salas. Destaca, de entre todas, la sala del sol y de la luna, con catorce ventanas en dos niveles para regular la temperatura, tanto de noche como de día.

La costa y sus tortugas

Los resorts del sur de este país son puro lujo, pensados para hacer volar la imaginación de sus huéspedes, haciéndoles recordar que allí se vivieron las aventuras de Simbad el marino y el resto de historias de Las mil y una noches. Pero, además, las playas, que nada tienen que envidiar a las afamadas caribeñas, se extienden hasta más allá de la vista, arena blanca que sirve de comunión entre las aguas turquesas y transparentes del mar con el sofocante calor del interminable desierto saudita.

Sin embargo, más allá de la infraestructura turística que poco a poco va conquistando estos espacios, estamos ante un enclave natural que esperemos sepan proteger. Se trata de playas donde cada año vienen a desovar miles de tortugas verdes, una especie que, como tantas otras, también se encuentra en peligro de extinción.

Por otro lado, todavía es posible visitar algunos muelles y dársenas donde aún se siguen construyendo las tradicionales embarcaciones que antaño recorrieran todo el golfo pérsico los dbows.

El desierto de Omán, el baño de realidad

Ya dijimos que el 80 % del territorio que ocupa Omán es desierto, adentrarse en él es toda una experiencia. Washiba Sands ofrece todo lo que se viene buscando en un desierto, pero con la protección de una incipiente infraestructura turística que lo pone todo mucho más fácil. Es un buen lugar, por tanto, para observar tanto las puestas de sol sobre las dunas como el inmenso cielo nocturno, limpio y espectacular, sin luces contaminantes que lo afecten ni polución que lo enturbie. También es posible disfrutar de alguna carrera de camellos a las que son aficionados por esta región.

Sin embargo, aún hay otra parte del desierto que para muchos es más espectacular e interesante. Se trata del desierto de azúcar, que no es otra cosa que la zona donde la arena da paso al mar. Hacer acampada en este lugar es simplemente mágico. Puedes disponer de vistas al inmenso mar de dunas, por un lado, o al hermoso desierto de olas al otro.

Otros lugares que tendrás la oportunidad de descubrir si te apuntas con nosotros, con Paso Noreste la próxima vez que vengamos a Omán, serán las montañas de Omán (Jebel Shams), pueblos como Misfat Al Abriyeen (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), Al Hamra, Nizwa, el cenote de Omán Bait Al – Afreet, Shallah, o la isla de Masira. Visita nuestra web y mantente informado.

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