Siempre que regresas de un viaje con destino más allá de nuestra vieja Europa, algo ha cambiado dentro de ti. El viaje te ejerce una invisible influencia fruto de las personas que has visto, las gentes que has conocido, sus sonrisas, los niños y sus juegos, las cabañas de adobe, esa ayuda desinteresada, esa curiosidad infantil…. Esas experiencias irremediablemente dejan un poso en tu alma.

Nuestra Navidad

Tratas de convencerte a ti mismo que debes absorber algunas de las experiencias vividas. Te repites a ti mismo que debes aprender de las personas que has conocido, que quieres ser como ellas y tener en todo momento la sonrisa a flor de piel. Deseas aprender a disfrutar de la vida, y que para ello no te haga falta un ipad o esos zapatos del escaparate. Rememoras cuando orgullosos te cuentan el día en que visitaron la capital de su país, distante más de 100 kilómetros de su aldea, en un viaje de dos días enteros. Y tú que hace una semana te encontrabas a 8.000 kilómetros de aquí, callas y escuchas como ahorraron durante un mes entero para poder hacer frente a ese viaje. Pero no por turismo, sino por ver a un médico que les ayudara o asistir al funeral de un familiar cercano o por cualquier otra circunstancia ajena a su voluntad.

Cuando estás allí, con ellos, deseas que nunca se te olviden las risas y gritos de asombro de esas gentes cuando les enseñas la foto que les acabas de sacar en tu cámara de fotos, cámara que por cierto  cuesta mucho más de los que ellos ganan en un año, y como te impactó ese día que como agradecimiento y honor, te invitaron a su cabaña y te con unos míseros billetes arrugados compraron un refresco con el que agasajar al invitado….

Siempre que regresas de un viaje quieres absorber esas experiencias, quieres volverte más humano. Te prometes a ti mismo que ya no te darás mal porque no has conseguido el nivel de ventas esperado, porque tu equipo de fútbol no ha ganado o porque ya no está en la tienda esa cazadora que te querías comprar.

Otras Navidades...

Pero desgraciadamente volvemos a nuestro quehacer diario, y poco a poco esas sonrisas, esas cabañas y esos juegos con los niños van quedando en el recuerdo. Y más en estos tiempos de locura desenfrenada, excesos, regalos, cenas de empresa, loterías, reuniones familiares y hartazgos de comer. Tu mente ya no se acuerda de esa gente, de esas risas y esas cabañas. Todo lo que un día te prometiste ya ha quedado atrás.

Pero en estos días, hagamos un esfuerzo y recordemos algún rostro, esa mirada tímida de un niño, esa aldea.¿Qué será en este momento de ellos? ¿Donde estarán? ¿Que significará para ellos la navidad? Ellos también tienen de vez en cuando acceso a la televisión. Saben lo que sucede en esta parte del mundo. Saben que aquí hay árboles de navidad, regalos y Papá Noel. Pero allí siguen ellos, sobre su estera, sin luz eléctrica, y donde la nochevieja es una noche más sin luz eléctrica en una espartana cabaña.
 
Ya seamos creyentes o no, estas personas con las que algún momento compartimos algo que nos llamó tanto la atención que hace que todavía nos acordemos de ellos, viven en las mismas condiciones que una persona que vino al mundo hace ya más de 2000 años para salvarnos. Esta Navidad, acordémonos de todos los amigos que hemos hecho en nuestro viajes. Para todos ellos, esta Navidad, dos milenios después, la lucha continúa. En estas Navidades, acordémonos de ellos y brindemos por que el 2012 el mundo sea un poco mejor. Si cada uno de nosotros aportamos nuestro granito, seguro que lo conseguimos.

 

4 comentarios
  1. Paco
    Paco Dice:

    Tienes razón. Deberíamos mirarnos menos el ombligo y darnos cuenta de la suerte que tenemos, que nunca lo apreciamos lo suficiente.
    Feliz navidad A TODOS

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  2. David del Bass
    David del Bass Dice:

    Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!

    Responder

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