Por regla general los viajes se recuerdan por las experiencias en destino, por los lugares que se visitan. Sin embargo, el viaje en el Transiberiano ofrece algo completamente diferente, se vive y se recuerda con especial intensidad lo que ocurre entre un destino y el siguiente. El constante espectáculo que ofrece la velocidad a través de las ventanillas, los inmensos parajes, la naturaleza tras el cristal, las estaciones perdidas en Siberia, la comida comprada durante una parada… eso es lo que ofrece la maravilla del tren más famoso del mundo.
Aunque solemos hablar de Transiberiano de manera genérica, la ruta que une Rusia, Mongolia y China corresponde en realidad a la variante Transmongoliana. En el Transiberiano viaje organizado de Paso Noroeste el recorrido comienza en San Petersburgo y termina en Pekín, después de atravesar tres países y detenerse en lugares como Moscú, Kazán, Ekaterimburgo, Irkutsk y Ulán Bator.
¿Cómo es realmente viajar en el Transiberiano?
Conviene despejar una duda habitual. El Transiberiano no es un tren turístico de lujo que recorre Eurasia de principio a fin. Es una enorme red ferroviaria por la que circulan trenes regulares utilizados también por la población local.
La línea Transiberiana clásica, construida entre 1891 y 1916, conecta Moscú con Vladivostok. Su trazado supera los 9.000 kilómetros y atraviesa siete husos horarios, unas dimensiones que ayudan a comprender la escala del territorio ruso.
La propuesta de Paso Noroeste toma otro camino. Después de recorrer buena parte de Rusia, desciende hacia Mongolia y continúa hasta China. El itinerario incluye seis trayectos ferroviarios: San Petersburgo-Moscú, Moscú-Kazán, Kazán-Ekaterimburgo, Ekaterimburgo-Irkutsk, Irkutsk-Ulán Bator y Ulán Bator-Pekín.
Eso permite hacer algo bastante más interesante que permanecer varios días seguidos dentro del mismo vagón: bajarse, conocer cada zona y regresar después al ferrocarril para continuar hacia el este.
| Etapa | Qué aporta al viaje |
| San Petersburgo | Palacios, canales y la Rusia imperial |
| Moscú | El gran contraste entre historia y Rusia contemporánea |
| Kazán | Cultura tártara y mezcla religiosa |
| Ekaterimburgo | La entrada simbólica en Asia |
| Siberia e Irkutsk | Grandes distancias y entorno del lago Baikal |
| Ulán Bator | Primer contacto con Mongolia y sus estepas |
| Pekín | El cambio radical de escenario y el final de la ruta |
Dormir en el Transiberiano viaje organizado durante días cambia las reglas
¿Qué se hace durante tantas horas? Nada extraordinario, y precisamente ahí reside buena parte del atractivo.
Se lee, se duerme, se mira por la ventana, se juega a las cartas y se conoce mejor al resto del grupo. De vez en cuando se llega una estación y toca bajar unos minutos, estirar las piernas o buscar algo para comer. Luego suena la hora de partir y vuelve esa sucesión de bosques, pueblos, llanuras y kilómetros.
Viajar así obliga a abandonar durante unos días nuestra relación habitual con el tiempo. No hay una visita detrás de otra ni necesidad de llenar cada hora.
También hay que saber dónde nos metemos. Los compartimentos son sencillos y algunos trenes carecen de ducha o vagón restaurante. Paso Noroeste recomienda llevar comida, bebida, libros y juegos para los desplazamientos más largos. La exigencia física es baja; la capacidad de adaptación necesaria bastante mayor.
En pocas palabras:
- Hay trayectos ferroviarios que duran muchas horas e incluso varios días.
- Se comparte espacio y buena parte de la experiencia con otros viajeros.
- El nivel de comodidad varía según el tren.
- Las paradas permiten romper los largos desplazamientos y conocer ciudades.
- El viaje requiere paciencia y cierta facilidad para adaptarse.
Tres países que parecen tres viajes diferentes
Uno de los grandes atractivos de recorrer el Transiberiano viaje organizado desde Rusia hasta China está en comprobar cómo cambia el mundo desde la misma ventanilla.
San Petersburgo recibe al viajero con el río Neva, sus grandes avenidas y los palacios que recuerdan la época de los zares. Moscú juega otra partida. Más adelante aparece Kazán y, después, Ekaterimburgo, tradicional puerta entre Europa y Asia.
Siberia ocupa otra escala. Aquí las distancias empiezan a resultar difíciles de medir con referencias españolas. El ferrocarril avanza durante horas por bosques y territorios poco poblados hasta alcanzar Irkutsk y la región del Baikal.
Después llega Mongolia. El horizonte se abre y la estepa sustituye progresivamente al paisaje siberiano. Ulán Bator supone una parada antes de continuar hacia China. Y Pekín, después de tantos kilómetros por tierra, funciona como un final especialmente rotundo.
En pocas rutas ferroviarias puede observarse de forma tan gradual el paso de Europa a Asia.
¿Por qué hacer el Transiberiano en grupo?
Organizar por cuenta propia un viaje de estas características supone coordinar trenes, alojamientos, documentación, fronteras y seis grandes desplazamientos ferroviarios. Además, algunos billetes tienen una disponibilidad limitada.
En Paso Noroeste el viaje en Transiberiano se plantea en grupos pequeños y con coordinador antes y durante la ruta. La agencia advierte, además, de la conveniencia de reservar con bastante antelación debido a la gestión de los billetes ferroviarios.
Pero existe otra razón menos administrativa. En un viaje con tantas horas de tren, el grupo acaba formando parte de la propia ruta. Se comparte mesa, compartimento, esperas y pequeños contratiempos. Para quien disfruta conociendo gente mientras viaja, esa convivencia añade bastante al recorrido.
Preguntas frecuentes sobre viajar en el Transiberiano
¿Cuánto dura un viaje en el Transiberiano?
Depende de las paradas. La propuesta de Paso Noroeste para recorrer Rusia, Mongolia y China ronda las tres semanas y media, porque combina los trayectos ferroviarios con estancias en diferentes ciudades.
¿El Transiberiano llega hasta Pekín?
El Transiberiano clásico termina en Vladivostok. La ruta hacia Pekín a través de Mongolia se conoce como Transmongoliano y comparte parte del recorrido ferroviario ruso.
¿Se duerme dentro del tren?
Sí. Algunos trayectos son nocturnos y otros pueden prolongarse durante bastante más de un día, por lo que varias noches del viaje se pasan a bordo.
¿Hace falta estar en buena forma física?
No exige una preparación deportiva especial. Resulta bastante más importante tolerar bien las horas de desplazamiento, compartir espacios y aceptar que las comodidades pueden ser básicas.
¿Merece la pena hacer un Transiberiano viaje organizado?
Para quien prefiera despreocuparse de buena parte de la coordinación de billetes, alojamientos y logística fronteriza, viajar en grupo simplifica considerablemente la experiencia. Además, permite compartir un recorrido en el que la convivencia tiene un peso especial.
¿Qué hace diferente un Transiberiano viaje organizado?
Pocas veces el desplazamiento ocupa un lugar tan importante como los destinos. Viajar en el Transiberiano significa ver cómo Eurasia cambia poco a poco delante de la ventanilla. Se empieza entre palacios y grandes ciudades rusas, se atraviesa Siberia, aparecen las estepas mongolas y, después de miles de kilómetros sobre raíles, el viaje termina en Pekín. Y quizá por eso, al regresar a casa, cuesta decidir qué fue lo mejor: los lugares en los que bajamos del tren o todo lo que ocurrió mientras seguíamos dentro.




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