Debes saber, viajero empedernido, cómo prepararse para un viaje largo de la mejor de las maneras posible y, eso requiere un mínimo de preparación. Se entiende que después de llevar semanas e incluso meses esperando que llegue el día, se quiera aprovechar cada minuto al máximo. Por eso, lo habitual es hacer planes que permitan, nada más aterrizar, recorrer el lugar elegido para visitar los destinos más interesantes.

Sin embargo, la realidad difiere algo con los deseos. Después de diez o doce horas de avión, los nervios de los preparativos, una noche dormida a medias y un cuerpo que todavía cree que está en España pesa y se llega demasiado agotado.

Por eso, cómo prepararse para un viaje largo está directamente relacionado con lo que hacemos antes de salir de casa. Dormir bien, organizar el vuelo y tener una idea de lo que nos espera al aterrizar salvará esas primeras horas en las que las ganas de descubrir un país nuevo  y vivir aventuras se mezclan con el cansancio.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) señaló que la demanda internacional de pasajeros creció un 7,1 % en 2025 respecto al año anterior. Viajar lejos vuelve a formar parte de los planes de millones de personas, aunque nuestro reloj interno siga llevando bastante mal eso de cruzar varios husos horarios en unas horas.

El viaje empieza unos días antes del vuelo

Para prepararse para un viaje largo no es necesario cambiar por completo nuestros horarios durante la semana anterior, aunque sí conviene llegar descansados.

La víspera tampoco es el mejor momento para terminar la maleta a las dos de la madrugada, descubrir que el pasaporte está a punto de caducar o empezar a buscar dónde hemos guardado la documentación del seguro. Cuantas más cosas queden resueltas antes del último día, más fácil será comenzar el viaje con buen pie.

Si vamos a cruzar varios husos horarios, podemos incluso mover un poco nuestras horas de sueño. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) aconsejan hacerlo durante los dos o tres días anteriores: aproximadamente una hora antes cada día cuando se viaja hacia el este y una hora después si el desplazamiento es hacia el oeste.

Para prepararse para un viaje internacional, esta pequeña lista resulta bastante práctica:

  • comprobar pasaporte, visados y requisitos de entrada;
  • revisar seguro, reservas y documentación;
  • llevar la medicación habitual en el equipaje de mano;
  • dormir bien durante los días anteriores;
  • dejar preparada la maleta con tiempo.

Momento

Prioridad

3-4 días antes

Documentación y descanso

2-3 días antes

Ajustar ligeramente el sueño

Día anterior

Equipaje listo y una noche normal

Durante el vuelo

Agua, movimiento y descanso

Al llegar

Empezar a seguir el horario local

Un vuelo de doce horas merece una preparación

Aquí aparecen algunos de los consejos para vuelos largos que parecen obvios hasta que llevamos seis horas sentados.

El primero es moverse. Levantarse de vez en cuando, caminar por el pasillo y estirar las piernas hace el trayecto bastante más llevadero. El NHS británico recomienda precisamente mantenerse activo durante el vuelo y beber suficiente agua.

También merece la pena cuidar lo que llevamos con nosotros. Una sudadera, auriculares, antifaz, cargador, cepillo de dientes y una muda ocupan poco y pueden resultar muy útiles. La medicación necesaria debe viajar igualmente a mano.

¿Y cuándo dormimos? Una referencia sencilla es mirar la hora del lugar al que vamos. Si allí ya es de noche, podemos intentar dormir; si todavía es de día, interesa aguantar despiertos siempre que el cansancio lo permita.

El alcohol puede parecer una buena manera de quedarse dormido en el avión, pero suele empeorar la calidad del descanso. Con el café ocurre algo parecido si lo tomamos cuando deberíamos empezar a acercarnos a la hora de dormir del destino.

Cómo evitar el jet lag sin obsesionarse con él

Esta es probablemente la pregunta que más se repite antes de un viaje de larga distancia e si hay alguna forma de llegar y encontrarse perfectamente desde el primer momento. La respuesta es directa: No siempre.

El jet lag aparece porque nuestro reloj biológico continúa funcionando con el horario de casa mientras fuera ya rige otro. De ahí esa sensación tan extraña de tener hambre cuando nadie come, despertarse a las cuatro de la madrugada o quedarse medio dormido en plena tarde.

Cuando buscamos cómo evitar el jet lag, en realidad deberíamos pensar en cómo reducirlo y adaptarnos antes. Los CDC relacionan este trastorno temporal con síntomas como cansancio, alteraciones del sueño, problemas de concentración y molestias digestivas.

Hay cuatro ayudas lógicas y muy sencillas de conseguir: agua, luz natural, horarios locales y descanso.

Mantenerse hidratado durante el vuelo ayuda a no sumar el malestar de la deshidratación al cansancio. Y, una vez en tierra, la luz exterior se convierte en una herramienta especialmente útil para que el organismo empiece a reajustarse.

Ya hemos aterrizado ¿y ahora qué?

Son las cuatro de la tarde en destino. Para nuestro cuerpo, en cambio, podrían ser las once de la noche. La cama del hotel empieza a parecer una idea extraordinaria, pero conviene resistirse un poco.

Si todavía hay luz, podemos dejar las cosas, darnos una ducha y salir a caminar. No hace falta estrenar el viaje con una visita de cuatro horas ni intentar completar media guía turística. Un paseo, una primera comida y algo de tiempo al aire libre son suficientes.

El objetivo de ese primer día es llegar a la noche siguiendo, en la medida de lo posible, el ritmo del lugar.

Aquí los viajes en grupo tienen una ventaja que se aprecia especialmente después de tantas horas de trayecto. No hay que aterrizar agotado y ponerse a resolver transportes, itinerarios y horarios. En Paso Noroeste planteamos los viajes para que esa parte esté organizada y el viajero pueda centrarse en lo que ha venido a hacer: conocer y disfrutar del destino y compartir la experiencia.

Las primeras 24 o 48 horas piden un poco de paciencia

¿Y si el sueño resulta insoportable? Una siesta corta puede ayudar. Los CDC hablan de descansos de unos 20 o 30 minutos para recuperar algo de energía evitando que una siesta de varias horas complique el sueño nocturno.

También conviene comer cuando toca allí, aunque nuestro estómago opine otra cosa. Salir al exterior, caminar y mantenerse activo durante el día irá haciendo el resto.

Para adaptarnos antes al destino conviene vivir según su reloj desde que aterrizamos como comer a sus horas, aprovechar la luz del día, reservar la noche para dormir y evitar largas siestas durante la tarde. El cuerpo necesitará un pequeño margen.

Preguntas frecuentes sobre cómo prepararse para un viaje largo

¿Cuánto suele durar el jet lag?

Varía según la persona, la distancia y los husos horarios atravesados. El NHS explica que normalmente mejora en unos días, conforme el organismo se acostumbra al nuevo horario.

¿Conviene dormir en el avión?

Depende de la hora que sea en destino. Si allí es de noche, dormir durante parte del vuelo puede ayudar a empezar la adaptación.

¿Qué puedo hacer nada más aterrizar?

Pon el reloj en hora local, bebe agua y, si todavía es de día, sal al exterior. Después intenta realizar las comidas y acostarte siguiendo el horario del país.

¿Es mala idea echarse una siesta?

Una siesta breve puede venir muy bien después de un vuelo largo. Lo que puede complicar la primera noche es dormir varias horas durante la tarde.

¿Cuándo debería empezar a preparar un viaje internacional?

La documentación y los requisitos de entrada deben revisarse con bastante antelación. En cuanto al descanso y la adaptación horaria, los últimos dos o tres días antes de volar ya permiten hacer pequeños ajustes.

¿Cuál es la clave para llevar mejor un viaje largo?

Llegar descansado al aeropuerto y adaptarse cuanto antes al horario del destino. Beber agua, moverse durante el vuelo y aprovechar la luz natural al aterrizar completan una preparación sencilla y bastante más útil que intentar exprimir el viaje desde el minuto uno.

 

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