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Viajar a Letonia es descubrir un país que suele quedar fuera de las rutas más habituales de Europa. Es pequeño, fácil de recorrer y combina bastante bien ciudad y naturaleza.
En un viaje a Letonia en grupo, Riga suele ser el punto de partida. Una capital con carácter, donde el casco antiguo convive con edificios de estilo art nouveau y zonas más modernas. Es una ciudad cómoda, fácil de caminar y con ambiente sin llegar a saturar.
Al salir de Riga, el país cambia rápido. Aparecen bosques, ríos, pueblos pequeños y parques naturales. El Parque Nacional de Gauja es uno de los puntos más interesantes, con castillos, senderos sencillos y bastante entorno verde.
También está la costa del Báltico, con playas largas y pueblos como Jūrmala, donde la gente local se mueve en verano. No es un destino de playa al uso, pero aporta variedad al viaje.
Letonia es un destino equilibrado, sin grandes complicaciones y con esa sensación de estar en un lugar poco masificado.


Letonia es un viaje cómodo y fácil de llevar, ideal si buscas algo tranquilo. Nos movemos por carretera, en coches de alquiler o transporte local. Las distancias son cortas y permiten viajar sin prisas.
No es un viaje exigente físicamente. Hay paseos por ciudades, caminatas suaves en naturaleza y visitas culturales y los alojamientos son sencillos, pequeños hoteles o apartamentos bien ubicados. Prácticos y sin complicaciones.
El clima puede cambiar rápido. Incluso en verano refresca, así que conviene llevar algo de abrigo y la comida es sencilla y contundente: sopas, carne, pescado, patata y pan. Sin demasiada variedad, pero se come bien.
Si buscas un viaje en grupo por Letonia, tranquilo, con naturaleza y ciudades interesantes sin masificación, es una buena opción.



Hoy hemos salido de Riga y el cambio se ha notado enseguida. Carretera tranquila, bosque a los lados y cada vez menos gente.
Hemos parado en el Parque Nacional de Gauja para ver uno de los castillos. No era enorme ni espectacular como otros que hemos visto en otros países, pero tenía algo. Medio en ruinas, rodeado de árboles y sin demasiada gente alrededor. Lo mejor ha sido el paseo hasta llegar. Un sendero sencillo, entre bosque, con ese silencio que solo se rompe cuando pasa alguien o se oye alguna rama.
Al llegar, nos hemos sentado un rato sin más. No había mucho que hacer, pero tampoco hacía falta. El sitio invitaba a parar.
En este viaje a Letonia todo es bastante así. No hay grandes momentos épicos todo el rato, pero sí muchos ratos que funcionan.
Luego seguimos caminando, cruzamos un río y volvimos al coche sin prisa. Ha sido un día sencillo, pero de los que te dejan buen cuerpo.
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¡Échales un ojo!