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Sudán del Sur no es un viaje cualquiera. Es una expedición a uno de los países menos visitados del mundo, un lugar donde el turismo apenas existe y donde el viaje todavía significa explorar.
En este país todo es remoto. Aquí no hay carreteras asfaltadas durante kilómetros, ni hoteles esperando viajeros. Lo que hay son “caminos de cabras”, ríos secos que atraviesan el sahel, campamentos de ganado que parecen ciudades temporales y comunidades que mantienen formas de vida que apenas han cambiado durante generaciones.
Viajar a Sudán del Sur es entrar en contacto con algunas de las culturas más fascinantes de África. Los Mundari, con sus enormes campamentos de ganado cubiertos por el humo blanco de las hogueras; los Dinka, uno de los pueblos ganaderos más grandes de África; los Toposa, orgullosos habitantes de las tierras del este; o los Larim, con sus tradiciones y adornos únicos.
Cada encuentro es diferente. Amaneceres entre ganado y ceniza blanca en los campamentos Mundari, mercados donde se cruzan tribus distintas, caminos de tierra que atraviesan territorios remotos y conversaciones que suceden aunque nadie comparta idioma.
Este es un viaje donde el paisaje es impresionante, pero donde lo más importante son las personas. Un viaje para observar, escuchar y entender un mundo que funciona con reglas muy distintas a las nuestras.
Sudán del Sur no es un destino turístico.
Es una experiencia de exploración.


Este viaje a Sudán del Sur es una expedición. No un viaje convencional.
Nos movemos en vehículos 4×4 con conductores locales, recorriendo pistas de tierra y zonas remotas del país. El viaje requiere flexibilidad, paciencia y espíritu aventurero. Aquí las distancias se miden más por el estado de la pista que por los kilómetros.
Durante gran parte de la ruta dormimos en tiendas de campaña, en campamentos que montamos cada día. Viajamos con equipo de cocina y cocineros que preparan las comidas durante la expedición.
Fuera de la capital no hay infraestructuras turísticas. No hay duchas ni baños durante buena parte del viaje, y las condiciones son básicas. Pero precisamente por eso la experiencia es tan auténtica.
El objetivo del viaje es convivir durante varios días cerca de diferentes comunidades tribales: visitar los campamentos Mundari al amanecer y al atardecer, conocer pueblos Dinka, acercarnos a las tradiciones de los Toposa o descubrir la cultura de los Larim.
No es un viaje físicamente exigente, pero sí intenso. El calor, el polvo, los trayectos largos y la logística forman parte de la experiencia. Y también la convivencia en grupo, fundamental en una expedición como esta.
A cambio, vivirás algo que muy pocos viajeros han visto: culturas que siguen profundamente conectadas con la tierra, con el ganado y con sus tradiciones.
Si buscas un viaje alternativo de verdad, una expedición a uno de los lugares más remotos y auténticos de África, Sudán del Sur es uno de esos viajes que se recuerdan toda la vida.



Nos levantamos antes de que saliera el sol en el campamento Mundari. El aire estaba lleno de humo de las hogueras que los pastores mantienen encendidas durante la noche. Ese humo lo impregna todo: la ropa, el pelo, incluso el olor del lugar. Cuando la luz empieza a aparecer, el campamento se llena de movimiento. Los jóvenes comienzan a barrer el suelo con ramas, retirando los excrementos de las vacas para dejar el espacio limpio. Después los amontonan y los queman lentamente. La ceniza que queda se usa más tarde para cubrir el cuerpo de los animales y protegerlos de los insectos.
Ves como con esa ceniza rosada impregnan y masajean a sus animales. Una vaca comienza a orinar y un niño mete la cabeza bajo el chorro para lavarse la cabeza.
En este viaje en grupo a Sudán del Sur uno observa escenas que forman parte de la vida cotidiana aquí, pero que te dan la vuelta al cerebelo. Las vacas esperan tranquilas entre el humo mientras los pastores se mueven entre ellas con total naturalidad.
El sol termina de salir y la luz naranja ilumina todo el campamento. Poco a poco el día empieza, el calor comienza a apretar y el ganado se mueve se hacia los pastos y el sigue elevándose sobre la sabana.
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¡Échales un ojo!