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Viajar a Líbano es meterte en un país pequeño pero con mucha carga de historia y bastante intensidad en el día a día. Aquí todo está cerca, pero cada zona tiene un ambiente distinto.
En un viaje a Líbano en grupo, Beirut suele ser el punto de partida. Una ciudad caótica, con tráfico, edificios a medio reconstruir y una vida social muy activa. Restaurantes, bares, cafeterías… todo convive con cicatrices que recuerdan su historia reciente.
A partir de ahí, el país se abre rápido. En pocas horas puedes estar en Baalbek, con algunos de los templos romanos más grandes que se conservan, o en Byblos, una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, con su puerto y su casco histórico.
También están las montañas, donde aparecen los famosos cedros del Líbano y pueblos más tranquilos. Y la costa, siempre cerca, con un Mediterráneo que forma parte constante del viaje.
Este viaje alternativo a Líbano mezcla historia, ciudades con carácter y una cultura muy presente en el día a día. Es un destino con mucha identidad, donde todo se vive bastante de cerca.


Líbano es un viaje bastante completo en poco espacio, pero también requiere cierta flexibilidad.
Nos movemos por carretera, con trayectos cortos en distancia, pero donde el tráfico puede hacer que todo vaya más lento de lo previsto. Cambiar planes o adaptarse es parte del viaje.
No es un viaje exigente físicamente. Hay paseos por ciudades, visitas culturales y alguna caminata sencilla en zonas de montaña, pero sin dificultad.
Los alojamientos son sencillos, pequeños hoteles o alojamientos locales bien ubicados. Cómodos, sin grandes lujos.
La comida es uno de los puntos fuertes del viaje. Mezze, hummus, carnes a la brasa, pan recién hecho… se come muy bien y con bastante variedad. Es fácil disfrutar comiendo aquí.
El contexto del país también hay que tenerlo en cuenta. Es un destino seguro dentro de las zonas que se visitan, pero con una realidad política y social compleja. Esto no afecta al viaje directamente, pero sí forma parte del entorno.
Es un viaje en grupo interesante para quien busca algo diferente cerca de Europa, con mucha historia, buena comida y un país que no deja indiferente. Si te apetece un destino con carácter y sin demasiados filtros, Líbano encaja muy bien.



Hoy hemos llegado a Baalbek y lo primero que sorprende es lo poco que hay alrededor. No hay masas de gente, ni colas, ni esa sensación de estar en un sitio saturado.
Entrar en el recinto ha sido casi raro. Columnas enormes, templos increíbles de los que, sinceramente, nunca había oído hablar… y nosotros caminando a nuestro aire, sin nadie empujando, sin ruido.
En otros sitios así, como en Grecia o Roma, siempre hay gente, cámaras, grupos… Aquí no. Aquí puedes pararte, mirar, alejarte un poco y volver a acercarte sin que nadie te moleste.
Nos hemos sentado un rato frente a las columnas, en silencio. Sin más. Intentando entender cómo algo así puede estar tan poco concurrido.
En este viaje a Líbano hay muchas cosas que llaman la atención, pero esto ha sido distinto. No solo por lo que ves, sino por cómo lo ves.
Y al final, eso cambia bastante la experiencia.
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¡Échales un ojo!