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Viajar a Macedonia del Norte es descubrir uno de esos países de Europa que casi nadie tiene en el radar. Y cuando va, entiende por qué merece la pena.
En un viaje a Macedonia del Norte en grupo te encuentras con una mezcla curiosa: ciudades con aire caótico como Skopje, donde conviven estatuas gigantes, mezquitas y edificios modernos sin mucho orden aparente, y a pocas horas, lugares tranquilos donde todo cambia.
El mejor ejemplo es Ohrid. Un lago enorme, agua clara y un casco antiguo lleno de iglesias, callejuelas y terrazas donde apetece quedarse más tiempo del previsto. Es uno de esos sitios que funcionan sin necesidad de grandes monumentos.
Pero Macedonia no es solo Ohrid. El país se recorre fácil, y eso permite combinar naturaleza, pueblos y carreteras de montaña en pocos días. Monasterios aislados, parques naturales y zonas rurales donde la vida sigue bastante ajena al turismo.
Este viaje alternativo a Macedonia del Norte va de eso: de moverse sin prisa, de parar donde apetezca y de descubrir un país que no intenta impresionar, pero acaba haciéndolo.


Macedonia del Norte es un viaje cómodo dentro de lo que suele ser Paso Noroeste, pero sin dejar de ser activo. Las distancias no son muy grandes, así que no se hace pesado desplazarse entre rincones.
No es un viaje exigente físicamente. Hay caminatas cortas, paseos por ciudades, monasterios y naturaleza, pero sin grandes esfuerzos. Aun así, los días son completos y se aprovechan bien y los alojamientos son sencillos, pequeños hoteles o apartamentos locales, bien ubicados. Cómodos, sin lujos y pensados para descansar.
La comida es uno de los puntos fuertes: platos balcánicos contundentes, muchas verduras, carne a la brasa, quesos y pan. Se come bien y sin complicaciones.
El clima depende de la época, pero en general hay veranos calurosos y secos, y noches algo más frescas, sobre todo cerca del lago o en zonas de montaña.
Es un viaje en grupo fácil de llevar, ideal si buscas algo tranquilo pero con contenido. Si te apetece un destino poco masificado, con mezcla de cultura, naturaleza y buen ambiente, Macedonia del Norte es muy buena opción.



Hoy hemos llegado a Ohrid sin muchas expectativas y al final ha sido uno de los mejores momentos del viaje. Después de dar vueltas por el pueblo, hemos bajado hacia el lago casi por inercia. Había gente sentada en las rocas, otros bañándose y algunos simplemente mirando.
Nos hemos quedado allí, sin hacer mucho. El agua estaba tranquila y el sol empezaba a bajar poco a poco, reflejándose en el lago. Al fondo se veía la iglesia en lo alto, y todo tenía ese punto de calma que no sabes muy bien de dónde sale. Ha sido uno de los momentos mágicos del viaje, difícil de describir solo con palabras.
En este viaje a Macedonia del Norte no todo son visitas. A veces es llegar a un sitio, sentarte y dejar pasar el tiempo.
Cuando el sol desapareció, nadie dijo nada durante un rato. Y sin haber hecho nada especial, ha sido uno de esos momentos que se quedan.
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¡Échales un ojo!