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Cabo Verde es un punto perdido en el Atlántico, donde la tierra y el mar juegan a desafiarse. Islas que parecen de otro planeta, montañas que se levantan como gigantes dormidos y pueblos donde la vida sigue su propio ritmo, sin prisas y con una sonrisa.
Lo mejor de un viaje a Cabo Verde es que aquí el paisaje cambia en cada isla. Un día caminas por un volcán y al siguiente te pierdes entre valles verdes donde las montañas abrazan el cielo. Las carreteras serpentean entre acantilados imposibles, los caminos de tierra te llevan a miradores donde el océano parece infinito y las playas aparecen donde menos te las esperas, como si el mar hubiera decidido dejar un regalo en medio del paisaje.
Y luego está su gente. Aquí todo el mundo sonríe, todo el mundo canta, todo el mundo te da los buenos días. La vida se vive con calma, al ritmo de la morna y la coladeira, esa música que suena en cada rincón y que te hace pensar que en Cabo Verde la melancolía y la alegría son dos caras de la misma moneda.
Es un viaje en grupo para los que quieren caminar entre cráteres, perderse por los serpenteantes senderos escondidos, navegar entre islas, perderse en mercados de pescado y descubrir un rincón de África que pocos conocen. Porque Cabo Verde no se parece a ningún sitio. Es árido y fértil, es desierto y selva, es fuego y agua. Es puro contraste.
Si buscas un viaje alternativo con paisajes que parecen de otro mundo, playas salvajes y montañas que te dejan sin aliento, Cabo Verde te está esperando.


Cabo Verde no es una isla, son muchas. Y cada una tiene su propia personalidad: unas son verdes y montañosas, otras áridas y volcánicas, y todas están rodeadas de ese Atlántico que no se cansa de sorprender. Aquí no vienes a hacer la croqueta en la toalla. Vienes a moverte, a caminar, a saltar de isla en isla y a descubrir un pedacito de África que casi nadie conoce.
El viaje incluye varios traslados internos en avión o ferry. No es un lío, pero tampoco es Suiza. A veces hay que armarse de paciencia y tomarse los cambios de horario con filosofía morna (la música local que ya entenderás cuando llegues).
Los alojamientos son sencillos pero con encanto. Casas locales, hotelitos familiares… cómodos, sin pretensiones y con sonrisas incluidas.
Prepárate para andar. Hay excursiones casi todos los días, muchas de ellas por senderos entre montañas, valles, pueblos remotos o acantilados con vistas de postal. Nada técnico, pero sí conviene venir con ganas de moverse y buenas rodillas.
El clima suele ser seco y cálido, con sol la mayor parte del año. Eso sí, el viento del Atlántico a veces sopla con fuerza y puede revolver hasta las ideas.
Si buscas un viaje en grupo diferente, con paisajes que cambian cada día, rutas poco trilladas y mucha autenticidad, Cabo Verde es tu sitio.



Hoy hemos bajado caminando por el valle de Paúl, y creo que ha sido uno de los días más bonitos de este viaje en grupo a Cabo Verde. El paisaje parecía una pintura: terrazas verdes, palmeras, cafetales, casitas de colores, y al fondo el mar azul profundo. El descenso era suave, por un camino fácil, pero siempre cuesta abajo. Cada curva revelaba una nueva vista, cada paso era un regalo. Este viaje alternativo no va de tachar lugares, sino de conectar con lo que ves y sientes.
La bajada fue larga, pero entre charla, risas y momentos de contemplación, se pasó volando. Cerca del final paramos en un bar local (era una choza de tablas) a tomar una cerveza y a jugar al futbolín. En este trekking por Cabo Verde no solo estamos conociendo un país: estamos conociéndonos también entre nosotros. La jornada de hoy sin duda a sido una de las mejores del viaje a Cabo Verde.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!