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Botswana es un destino donde todo gira alrededor de la naturaleza. Aquí no hay grandes ciudades ni monumentos que marquen el viaje. Lo importante son los paisajes, la fauna y la sensación de estar en un entorno que sigue bastante intacto. Lo que manda es lo salvaje. Y manda bastante.
Viajar a Botswana en grupo es moverse por pistas de tierra, cruzar horizontes abiertos y pasar muchas horas al aire libre. Maun suele ser el primer contacto, pero el viaje empieza de verdad cuando sales de ahí y te metes en ruta.
El delta del Okavango es uno de los lugares más especiales de África. Un sistema de agua en mitad de la sabana que cambia completamente el paisaje. Se puede ver desde el aire, contemplando ríos que se abren paso como venas en plena sabana, manchas de verde perdidas en la inmensidad y animales moviéndose diminutos ahí abajo, como si alguien hubiera montado el mejor documental del mundo solo para ti. O recorrer despacio en mokoro, avanzando en silencio entre canales y vegetación, con esa sensación de que cualquier ruido sobra.
Después aparece Chobe, con otro tipo de experiencia. Más centrado en el río, contemplar cómo la luz cae sobre el agua mientras los elefantes se acercan a la orilla tiene algo de escena perfecta. Leopardos, hipopótamos y otros animales se concentran en las orillas, y es fácil pasar horas simplemente observando.
Este viaje alternativo a Botswana es un viaje de carretera, de cruzar de un punto a otro sin prisas y de entender que muchas veces lo mejor no está en el destino, sino en lo que pasa por el camino.


Este viaje a Botswana es para quienes quieren una experiencia de naturaleza real, participando activamente en un viaje en grupo.
Nos movemos en coches conducidos por el grupo. Eso implica turnarse al volante, compartir decisiones y formar parte del día a día. Hay trayectos largos, pistas de tierra y bastante tiempo en carretera.
La ruta combina varias experiencias: el Okavango desde el agua o el aire, y safaris en zonas como Chobe, donde la fauna es más fácil de ver.
No es un viaje exigente físicamente, pero sí requiere buena actitud. Pasamos muchas horas fuera, hay calor, polvo y cambios de ritmo. La convivencia es importante.
Dormimos en alojamientos sencillos o campamentos, según la ruta. No hay lujos, pero sí ubicaciones bien pensadas para aprovechar el entorno.
La comida es sencilla y funcional. En ruta y campamentos suele ser básica, pensada para el tipo de viaje, sin demasiada variedad pero suficiente.
Si buscas un viaje en grupo por Botswana con safaris, carretera y una forma de viajar más activa y participativa, es una muy buena opción.



Hoy hemos sobrevolado el delta del Okavango en avioneta. Ya solo subirte a algo tan pequeño impone un poco, pero en cuanto despegas se te olvida.
Al principio ves tierra seca, caminos, algún árbol suelto… y de repente empieza a cambiar todo. Aparecen canales de agua, manchas verdes, formas que no entiendes muy bien desde abajo.
Desde arriba se entiende lo que es el delta del Okavango. Ves cómo el agua se abre paso, cómo se crean islas, cómo todo está conectado. Y entonces empiezas a fijarte en los detalles: elefantes moviéndose despacio, grupos de animales que parecen puntos en mitad de la nada, caminos que no sabes muy bien a dónde llevan.
Nadie hablaba mucho. Íbamos mirando por la ventana, cada uno a lo suyo, haciendo fotos, pero todos con la misma sensación.
Este viaje a Botswana está siendo de carretera, de polvo, de estar dentro del paisaje. Pero hoy lo hemos visto desde fuera, y cambia todo.
Cuando aterrizamos, volvimos a lo de siempre: calor, tierra y coches. Pero con otra perspectiva. Como si ahora entendiéramos un poco mejor dónde estamos metidos.
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¡Échales un ojo!