Hay aventuras que deben de vivirse al menos una vez en la vida, y en la ciudad de Dalat, en el corazón de Vietnam y rodeada de espesas colinas, comienza una de esas experiencias que calan hondo en la memoria y el corazón. Así que si vas a viajar a Vietnam no te pierdas esta ruta alternativa que te vamos a proponer.

Dalat está situada en las denominadas Tierras Altas de la zona central y es un destino muy habitual para el turismo local, especialmente para los recién casados del país que suelen ir a pasar su luna de miel huyendo del calor de las Tierras Bajas, pero para el turismo occidental Dalat no suele ser mas que un caprichoso desvío de la ruta tradicional, denominada Ruta de la Mandarina, entre las atracciones del norte y sur del país.

Pero éste es el lugar de partida para emular a Dennis Hopper y Peter Fonda, al más puro estilo Easy Rider, y realizar un recorrido inédito por Vietnam. Desde aquí nos embarcamos en una aventura en moto con estos easy riders vietnamitas, que desde los años noventa decidieron guiar a lomos de sus cabalgaduras a todo aquel que quisiera embarcarse en un viaje por Vietnam completamente diferente.

Y es aquí donde con Paso Noroeste nace la loca aventura de seis días, compartiendo con estos locos moteros las entrañas de un Vietnam donde el hombre blanco rara vez se adentra, disfrutando por una carretera que discurre paralela a Laos, y enlaza con la famosa Ho Chi Minh trail, para finalizar tras un descenso digno del capitulo mas aventurero del verano azul en versión vietnamita, en el encantador pueblo costero de Hoi An.

Nada más abandonar Dalat, ya nos sentimos excitados al perdernos por parajes de inusual belleza, disfrutando al cruzar cada aldea que atravesamos al tener que saludar a los niños que saltan a nuestro paso. Vamos realizando todas las paradas que necesitemos, para realizar fotos, visitar cascadas, pagodas, fábricas de seda o granjas de setas, o simplemente compartir las emociones del viaje con el resto de nuestros compañeros. El primer día finaliza compartiendo cena con nuestros intrépidos pilotos, que no cesan de reír y gastar bromas, para culminar la jornada durmiendo en una casita emplazada sobre unos sobre pilares a orillas del tranquilo Lago Lak.

El viaje continúa, y las sorpresas se suceden, como ese delicioso chapuzón en las cascadas de Draysap o visitando aldeas habitadas por tribus minoritarias que apenas han visto a un guiri en su vida y en un principio se asustan ante nuestra presencia, pero finalmente la curiosidad les vence y al poco se acercan a tocarnos los pelos de los brazos, la barba o reírse ante un pelo rubio.

Una de las experiencias más emocionantes y enriquecedoras de esta aventura es la visita al orfanato de Vinh Sonh 4, a ocho kilómetros del pueblo de Kontum, que aloja a más de cien niños de los alrededores que se han quedado huérfanos o que simplemente sus familias no los puede mantener por falta de medios. Aparecemos de la nada rugiendo con nuestras motos y cargados con lo que cada viajero ha podido reunir: material escolar, juguetes o alimentos. El encuentro en un principio resulta tímido para ambas partes, pero una vez roto el hielo, el patio del orfanato se convierte en un campo de batalla lleno de risas, cantos, carreras y juegos.

Tras despedirnos con tristeza de tanta sonrisa y tanto juego, enfilamos la famosa Ho Chi Minh trail, la ruta por la que los vietnamitas transportaban provisiones y armamento durante la guerra, y hoy en día rehabilitada para absorber el tráfico rodado con los países vecinos y el norte del país. La carretera es una delicia, y nuestras motos serpentean entre cafetales y plantaciones de caucho, pimienta y té que han servido para curar las devastadoras cicatrices que causó el agente naranja en esta zona, recobrando año tras año el campo vietnamita ese color verde intenso que siempre debió poseer.

La última noche la pasamos en el pueblo de Kham Duc, para al día siguiente descender por la vertiginosa pendiente hasta Hoi An, en el centro de la A1, la gran autopista que cruza el país desde Hanoi al norte hasta Ho Chi Minh al sur. Atrás han quedado ya los 860 kilómetros de risas, emociones y diversión que comenzaron en lo que ya parece el lejano Dalat. Con tristeza nos despedimos de nuestros amigos moteros que emprenden el camino de retorno a casa. Gracias a ellos, pendientes en todo momento de sus paquetes, cordiales a todas horas, atentos, amables y sonrientes, han conseguido que este viaje a Vietnam sea difícil de olvidar.

Siempre recordaremos su bienvenida tan especial, ese 12 de julio del 2010. Todavía con la resaca de proclamarnos campeones del Mundo, nos recibieron embutidos con las camisetas de la selección española con cánticos y gritos. A partir de ese momento surgió la camaradería y confianza mutua, acentuada esa misma noche tras la primera ronda de cervezas. Y fue en aumento tras las posteriores partidas de billar y las canciones a dúo en un karaoke,,, Y es que sin duda, lo mejor de Vietnam, estos días en moto… ¡Y para muestra un botón!

 

5 comentarios
  1. Sol
    Sol Dice:

    Este viaje se lo recomendé a una amiga que está ahora allí y está encantada, según nos cuenta. Yo todavía no lo he hecho, pero del año que viene no pasa. 🙂

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  2. Sergio
    Sergio Dice:

    Hola,

    Parece muy chula la ruta!
    Este septiembre iré a vietnam y me gustaria hacer alguna ruta en moto.
    Cuánto os costó el viaje? Podíais conducir vosotros?

    Un saludo,

    Sergio

    Responder

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