Hace un par de semanas regresaba de un viaje por Mynamar, cuando decidí aprovechar unos días que tenía sueltos para disfrutar Bangkok, que hacía más de 10 años de mi último viaje por Tailandia y recordaba con morriña esta locura de ciudad.

No tenía reserva de hotel, y era un poco tarde para ponerme a buscar uno, así que le dije al taxista que me llevara a Khao San Road, la calle mochilera por excelencia de todo el Sudeste Asiático, donde seguro que no tendría problemas de encontrar un sitio donde dormir.

Mientras me adentraba por la autopista que conecta el aeropuerto con el corazón de la capital de Tailandia, contemplaba como decenas de rascacielos ascendía en luminoso colorido rumbo a la noche tailandesa, creando un skyline que nada tiene que envidiar con el de cualquier urbe norteamericana. Contemplando esas torres de colores, repletas de luces, y anuncios de marcas electrónicas, reflexionaba con lo moderno que puede parecer el cielo de esta ciudad comparado con el desconcierto que se respira en sus calles, donde cada veinte metros un puesto de comida arroja olores a la densa atmósfera de Bangkok, la gente saca sus mesas y sillas para comer en la calle mientras el tráfico pugna por avanzar un metro más en el sempiterno caos nuestro de cada día y las tiendas, tiendas y más tiendas de todo tipo ocupan cada metro cuadrado de acera de esta caótica ciudad.

El taxista me deja a la entrada de Khao San Road, ya que la calle se corta al tráfico desde primeras horas de la tarde, para que los turistas y mochileros puedan pasear libremente por la arteria más loca de Bangkok. Antes de buscar un hotel, me pongo a pasear, con una sonrisa bobalicona en la cara recordando las veces que recorrí arriba/abajo esta calle. Lo primero que te llama la atención nada más llegar son las luces de neón, como antaño… pero me parece observar que hay alguna más. Ahora hay una pantalla gigante a mitad de calle, como si de Picadilly Circus se tratara… Y esos neones del fondo me suenan… Son los del Mc Donals y el KFC, que ocupan casi media calle (el del Burguer King se encuentra en la cabecera de la calle).

Todo cambia, y es que 12 años son muchos… A mi hasta me empiezan a salir canas, por lo que ¡Khao San no iba a ser menos! Me acerco a los laterales de la calle para descubrir que modelo de camiseta se lleva esta temporada, y observo con tristeza que apenas quedan puestos de camisetas. Bueno, sí que hay, pero no tantos como antes. Los vendedores ya no te insisten en que pases a su tienda. Es más, tienen esa cara de agonía al saber que su negocio está en vías de desaparición y resignados solo les queda renovarse o morir.

La concurrida Khao San Road

Y es que descubro que los chiringuitos de Khao San han evolucionado. Lo que se lleva ahora es el transferir música a tu ipod y hacerse un tatuaje. Hasta los tenderetes de ropa ya no son lo que eran. Ahora lo más puntero son los de ropa interior de marca (que pasa, los mochileros también progresan y los abanderado agujereados han pasado a mejor vida) y las ya clásicas tiendas de trajes a medida en 24 horas. Y eso que yo pensaba que estos no se iban a comer un colín, pero al caer la noche, que es cuando bulle Khao San Road, todas las tiendas de trajes estaban repletas de inglesas haciéndose el vestido para la boda de su amiga Kate, que oh my god que barato está aquí, más que en Zara, y así podrán colgar la foto toda monísima ella, en su perfil de Facebook.

¡Pero no es lo único que había cambiado! Los puestos de masajes de pies proliferan como setas. Pero lo curioso es que no son locales de embriagadores olores y música suave y relajante, sino que ahora sacan las camas hasta mitad de la calle, y puedes ver a decenas de “guiris” tumbados como si de un hospital de campaña se tratara, con cara de satisfacción, mientras afanosas “masajeadoras” ponen todo su empeño en semejante cadena de montaje.

Hasta las vendedoras de comida han evolucionado… Apenas ves ancianitas ofreciendo comida tailandesa en un wok marchito donde recalientan el arroz y guardan el pollo en añejas fiambreras de plástico (perdón, tupperwares) sino que lo más se lleva ahora son ¡los puestos de kebabs! ¡En el corazón de Tailandia! Ves como un tailandés de rancio abolengo afeita el pincho ese giratorio donde apelmazan la carne, y ya ni con soja, que el menda te pregunta… ¿salsa yogur o picante?

¡En fin! Todavía sorprendido por este redescubrimiento, encontré un hotelito en el centro de la calle justo cuando los bares de copas comenzaban a subir la música hasta atronadores niveles ibicencos. La última vez que me aloje en esta calle, era por menos de mil pesetas la doble en un antro oscuro y piojoso, donde contemplaba fascinado la vida animal local, de como una rata se llevaba los trozos de pollo de la cocina del restaurante y los gatos mirando, jugándose a los chinos a ver quien hacía frente a semejante bicho. Pero ahora, que uno ya tiene sus canas y venía cansado de Myanmar, me busqué un hotelito para descansar, un pequeño lujo con piscinita y habitaciones limpias y escoscadas, de diseño… Pagué unos 20€ por habitación individual (38€ la doble), y joer… me di cuenta de que era el más mayor de los huéspedes…. O yo me hago carroza (que creo que va a ser eso) o es que los mochileros también evolucionan… como Khao San Road.

 

3 comentarios
  1. cata
    cata Dice:

    Khao San Road es la calle más única del mundo, un oasis en Asia.
    Hay pocos sitios que me inspiren nostalgia por lo que no he hecho y Khao San Road es uno de ellos. Me recuerda una vez tuve 20 años y que soñaba con pasarme un año viajando por el mundo como hacen muchos de los que están ahí.

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