Los desiertos más hermosos del mundo, excusas para perderse

Ante la idea de escribir un artículo en el que se llevará a cabo una lista con los mejores desiertos del mundo, nace una primera pregunta; ¿son realmente bonitos, hermosos o atractivos los desiertos? La respuesta llega rápida y es rotunda, SÍ. Una belleza diferente, enigmática, que tiene más que ver con las sensaciones que se viven que con el espectáculo que se ofrece

La segunda que cualquier persona que no los haya visitado se puede hacer será; ¿son realmente diferentes los desiertos entre sí? Y como respuesta la misma rotundidad, Sí. Y de nuevo, en este sentido, cabría hacer el mismo inciso, y es que todos ofrecen el mismo encantamiento misterioso y místico sobre las personas.

Como conclusión cabría afirmar, que los desiertos son hermosos de por sí, pero que esa belleza depende en gran medida de lo que la persona que lo visite lleve en su interior.

Y aún se tendría que responder a una tercera. ¿Qué es un desierto?

Definición de desierto y su efecto en las personas

Un desierto, cuando se trata de un espacio físico, hace referencia a un espacio que está despoblado o deshabitado. Puede ser arenoso, pedregoso, pero siempre con un nivel de precipitaciones menor a los 250 milímetros al año. Es decir, que también se puede hablar del desierto polar, pues se mantiene en esos niveles de pluviosidad y no coincide con el concepto común que solemos tener de desierto.

En los desiertos nacen los profetas, y nos encontramos con nosotros mismos. Jesucristo, Mahoma, Budha o el mismísimo Paul Atreides tuvieron que pasar su momento de soledad en el desierto para aclarar sus ideas, enfrentarse a sí mismos y entender el propósito de sus vidas.

El desierto, más allá de la belleza de los horizontes infinitos, los cielos límpidos y estrellados, las dunas como olas gigantescas y las rocas con extrañas formaciones, es un lugar de tranquilidad, de paz, el mejor sitio para escuchar la voz interior. Todo aquel que conoce el desierto sabe que se enfrenta, de una manera u otra, a sí mismo. Ya sea por el silencio, acunado a veces por el viento, ya sea por la visión de un mar estático o por el sentimiento de soledad que nos invade.

El que visita estos espacios abiertos sale de ellos de forma diferente, transformado, espiritualmente más limpio y más consciente de sí mismo y del lugar que ocupa en el mundo. Las más altas montañas o los más profundos desiertos tienen esa similitud en cuanto al efecto que produce en las personas. Sin lugar a dudas, la mejor forma de perderse.

El Sahara, el desierto cálido más grande del mundo

Que no nos sorprenda este título, ya que la Antártida también está considerada como un desierto y no es en absoluto cálido, es, de hecho, el continente más frío, seco y ventoso del mundo. El Sahara también es muy seco y el más grande, con una superficie de 9,2 millones de km2, cubriendo la superficie de Marruecos, Argelia, Libia, Túnez y Egipto. Este desierto contiene algunos lugares que merecen la pena ser visitados.
La mayor superficie de arena de la tierra incluye un Patrimonio de la Humanidad, el Gran Erg Occidental y la zona de Ghardaia con todo su entorno.

El macizo del Hoggar en Argelia

Al sur de Argelia, muy cerca de la frontera con Níger, se encuentra el Hoggar, el macizo rocoso más grande de este desierto y una de las partes más hermosas. Abarca desde el sur de Argelia hasta casi su frontera con Níger.

Las formaciones rocosas junto a las grandes dunas de arena completan una imagen que se queda incrustada en la memoria. Las paredes verticales de basalto negro en compañía de gigantescas montañas de piedra básica, desnuda, invitan a la contemplación de la gran belleza cuando el sol comienza su camino al descanso. Hay que considerar que lo que se está viendo es la corteza terrestre más antigua del planeta, auténtica roca madre primigenia, que ha estado sometida a la potente erosión de un clima extremo, el sahariano.

Las dunas de Erg Chebbi, Merzouga en Marruecos

Merzouga es una pequeña aldea al suroeste de Marruecos y a 20 km de la frontera con Argelia. Aquí se encuentra la esencia del desierto, puestas de sol incomparables, con dunas que cambian de color según la posición del sol y cielos estrellados imposibles.

Y es que el Sahara ofrece su primera presentación en las dunas de Erg Chebbi, a los pies de Merzouga. Visita obligada para todos aquellos que quieran tener la experiencia de caer rodando por interminables colinas de arena fina, dunas que pueden llegar a alcanzar los 15 metros de altura. Hasta aquí se llega en camello y se duerme en jaimas o tumbado sobre la arena. Un lugar excelente para tumbarse en una duna y, en la tranquilidad, ir observando cómo van apareciendo una a una las estrellas, hasta que seamos conscientes del fascinante cielo estrellado que se ha desplegado ante nosotros

El desierto blanco en Egipto

Seguimos con el Sáhara. Y es que ser el mayor desierto del mundo, tiene la virtud de esconder rincones sorprendentes a lo largo de toda su extensión. Y sin duda uno muy especial es el desierto Blanco.

Emplazada a mitad de camino entre el Nilo y la frontera con Libia, entre los oasis de Bahariya y Dakhla, se encuentra el desierto Blanco. Un paisaje irreal, porque parece que estás viendo figuras de nieve en mitad del Sahara. Pero no, son formaciones calizas de color blanco que con la paciencia que dan los siglos, la erosión ha ido creando caprichosas formas.

Sin duda un rincón que bien merece la pena conocer y pasar una noche bajo las estrellas de este aislado desierto. Por cierto, en Navidades tenemos un viaje a Egipto, por si te animas a conocer este espectacular rincón.

Death Valley, en California

Uno de los más calientes del planeta, al menos es el que está batiendo todos los récords de temperaturas altas en los últimos años. El último registro que ha marcado un nuevo hito histórico fue el pasado 16 de agosto, día en el que se alcanzó la terrible cifra de los 54,4 º C.  En el año 1994, se declaró Parque Nacional, siendo visitado por casi un millón de personas al año.

El espacio que se abre ante el turista es estremecedor, las autoridades advierten no internarse en este desierto, y si la idea es llegar hasta la cuenca de Badwater, la parte más profunda y caliente del valle, insisten en llevar agua suficiente. Otro de los avisos que suelen hacer con bastante mala leche es que, si te pierdes, no hay por qué preocuparse, ya que en unos pocos días encontrarán tu cuerpo.

Namib, en Namibia

No son pocos los que califican a este desierto como el más bello del mundo. Son más de dos mil kilómetros de dunas y saleares que recorren toda la costa de Namibia. Este desierto cubre la distancia que hay entre la frontera de Sudáfrica hasta la de Angola, y es el más antiguo del mundo. La zona más atractiva, la más espectacular, se localiza en la costa central, aquí aparecen las impresionantes dunas rojas, esparcidas en una extensión de 320 kilómetros, alcanzando una altura de hasta 320 metros. Las más altas del mundo se localizan en el Parque Nacional de Mamib-Naukluft. Si podéis permitíroslo, es altamente recomendable alquilar un vuelo en avioneta mientras amanece sobre este desierto, sobre todo para observar la conocida Duna 45 en el desierto Sossusvlei.

El DeadVlei

Mención especial merece el Lago Muerto de DeadVlei, en el interior de Namib. Un enorme salar que aparece rodeado por dunas rojas y en cuyo interior quedan esqueletos de árboles conocidos como espuma de camello, que permanecen inalterados desde hace más de 900 años.

Wadi Rum, un desierto de piedra en Jordania

El premio al mejor desierto de piedra se lo lleva, sin ningún género de dudas, el Wadi Rum, uno de esos espacios que abren las puertas a la imaginación gracias a las extrañas formaciones de sus montañas. Este lugar adquirió fama por ser uno de los lugares que solía recorrer el mismísimo Lawrence de Arabia en su levantamiento beduino. Un desierto mágico, con más de 100 km de arena roja, cuyo origen no es otro que el de la erosión de las formaciones de granito que se elevan por todos lados hacia el cielo impoluto del desierto. Wadi Rum fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2011 por la Unesco.

Con apariencia marciana, esta parte del desierto jordano no da para aburrirse. Además de las visitas obligadas a los grandes cañones, los laberinticos espacios entre las columnas de piedra, la cultura beduina… es imprescindible la visita a los petroglifos de Andashieh, Alameleh y Jebel Khaz´ali, con más de 12.000 años de antigüedad.

Atacama, en Chile y el lugar más seco del planeta

En la enorme extensión de Atacama no hay dunas, en su lugar están los volcanes de más de 6.000 metros de altura, profundos barrancos y una de las reservas de minerales estratégicos más grande del mundo. En este desierto pueden pasar décadas sin que caiga una sola gota de agua, de hecho, hay zonas donde nunca ha llovido. Este desierto sorprende al viajero por la rápida mutabilidad de los paisajes. Podemos encontrarnos en la parte más árida y seca del planeta para, a pocos kilómetros de allí, sorprendernos con lagunas de color turquesa, montañas con diseños abstractos, mares de dunas o columnas de agua hirviendo. Por otro lado, este desierto no está en absoluto despoblado, no son pocas las poblaciones que lo habitan y la fauna que lo comparte, vicuñas, llamas y guanacos, principalmente.

Hasta aquí una breve relación de desiertos que por su belleza y características se pueden considerar como los más atractivos del mundo para visitar, pero no son los únicos. El salar de Uyuni, en Bolivia, Mojave, en los Estados Unidos de Norte América, La Guajira, en Colombia, Nubia, en Sudán, Karakum, en el Turkmenistán, e incluso el helado desierto de Groenlandia, en Dinamarca, merecen su lugar en este listado.

Desde Paso Noroeste prometemos profundizar en otros artículos sobre todos y cada uno de ellos. De este modo, seguro que alimentaremos los deseos de que os apuntéis a uno de estos mágicos viajes en la mejor compañía. Entra en nuestra página web haciendo clic en el enlace sugerido en este párrafo y elige destino.

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