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Kirguistán es ese país que nadie sabe escribir bien, pero que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida. Porque aquí los paisajes no tienen sentido… de lo bonitos que son. Montañas que parecen pintadas, lagos que cambian de color según la luz y valles donde las ovejas te miran como diciendo “¿y tú qué haces aquí?”.
En este viaje en grupo a Kirguistán no vamos a lo típico, porque lo típico no existe. Un viaje alternativo en toda regla: sin comodidades de más, pero con paisajes que valen cada bache del camino.
Bishkek, la capital con nombre de estornudo, nos da la bienvenida con su mezcla soviética y su ritmo tranquilo. Pero la aventura empieza cuando salimos: bordeamos el enorme lago Issyk-Kul, nos relajamos en los baños termales de Altyn Arashan y visitamos Tash Rabat, un antiguo caravanserai que parece sacado de un cuento de la Ruta de la Seda. Y sí, también haremos algún paseo para estirar las piernas y llenar la memoria del móvil de paisajes absurdamente bonitos.
Cada día es distinto: una ruta a caballo, una comida con pan recién hecho y té caliente, alguna historia contada con más gestos que palabras.
Este viaje a Kirguistán es para los que no se asustan de un retrete de agujero, los que celebran una ducha caliente como si fuera un premio, y los que saben que las mejores historias no se encuentran en un hotel con wifi.
Si buscas un destino raro, un país auténtico y un viaje donde cada día es una pequeña aventura, Kirguistán te está esperando. No hace falta saber escribirlo bien, solo tener ganas de ir.
Este viaje es para quienes disfrutan cuando no hay cobertura, cuando se comparte una comida sin saber bien el menú, y cuando el grupo es parte esencial de la experiencia.
Kirguistán no se ve, se recorre. A lomos de un caballo, en furgoneta o a pie, con los pulmones llenos de aire de montaña y los ojos llenos de verde, azul y piedra.
Hay algunas caminatas (en un país donde la naturaleza manda sería un sacrilegio no descubrirla) y también excursiones a caballo (es la forma de sentirse libre como un local) —nada técnico, pero sí hay que venir con ganas de moverse y espíritu flexible.
Nos movemos en furgonetas, cruzamos pasos de montaña donde el aire escasea pero las vistas sobran y dormimos en alojamientos muy sencillos, desde guesthouses familiares hasta yurtas tradicionales en mitad de la nada.
La convivencia es clave: compartir un té, una historia o unas vistas brutales desde lo alto de un paso de montaña. Aquí no hay lujos, pero sí todo lo que hace que un viaje se convierta en recuerdo.
Este viaje en grupo a Kirguistán es para quienes valoran lo simple, lo natural y lo compartido. Para quienes creen que el lujo verdadero está en dormir bajo las estrellas y despertarse con el sonido del viento.
Hoy ha sido uno de los mejores días del viaje a Kirguistán. De esos que se te quedan grabados. Hemos hecho un paseo a caballo por un paisaje imposible. Aún recuerdo como todo el grupo del viaje se quedó en silencio cuando todo el valle se abrió delante nuestro y el lago Song Kol reflejaba las nubes como un espejo. Solo se oía el crujir de los cascos sobre la hierba. Al anochecer nos sirvieron una cena caliente junto al fuego y ahora vamos a dormir en esta yurta, en mitad de la nada, donde solo se oye el viento.
Viajar a Kirguistán está siendo todo lo que no esperaba: auténtico, impredecible… ¡brutal!. En este viaje en grupo, sin darnos cuenta, ya somos una pequeña tribu. Compartimos rutas polvorientas, baños en ríos helados, comidas rarunas y muchos buenos momentos.
Y eso que Kirguistán no siempre es fácil. Así son los viajes mochileros.. donde las distancias son largas, estás todo el día con las manos sucias, pero disfrutando cada minuto. … Las vistas y la gente que hemos conocido lo compensan todo… Como deben ser los viajes alternativos. No será perfecto, pero es tan real, que por eso está siendo inolvidable.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!