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No. Hemos comprobado que los grupos funcionan mejor cuando se juntan personas con una forma similar de entender el viaje, independientemente de su edad. Viajar con gente diversa enriquece el grupo, aporta miradas distintas y hace el viaje más interesante.
En nuestros viajes lo importante es la actitud, la energía, las ganas de disfrutar, la mentalidad y la capacidad de adaptación, no sólo el año de nacimiento.
Son viajes activos, con ritmo medio – alto: caminatas, a veces noches en tren o autobús, jornadas largas de coche, los alojamientos son sencillos y a veces el colchón no es el más cómodo o toca subir a la litera de arriba. Compartimos habitaciones y si es necesario cama… Por eso es importante ser realista con las propias limitaciones tanto físicas como mentales.
La edad media de los viajeros suele rondar los 30 y pico y los 50 años. Por una cuestión de ritmo y exigencia, establecemos una edad máxima orientativa de 65 años, pensada para que el grupo funcione y el viaje se disfrute.
A nuestros viajes se apuntan personas con inquietud por salir de lo convencional para descubrir otros lugares y estilos de vida. A veces es gente con experiencia viajera a la que no le apetece viajar sola. Otras son personas que se estrenan en este estilo de viaje.
Gente curiosa, abierta, adaptable y con ganas de convivir. La edad no es lo único importante. Lo que de verdad importa es: la actitud, la energía, la flexibilidad, el respeto por el grupo, las ganas de compartir (porque se convive muy estrechamente con un grupo de personas durante muchos dias) y las ganas de vivir el viaje, no solo consumirlo.
Los viajeros de Paso Noroeste no buscan el confort extremo, aceptan y no ven extraño que en el alojamiento de un lugar remoto no tengas las comodidades , que se den todo hecho ni ir siempre por libre. Es importante la buena disposición de los viajeros para que el viaje fluya.
El ritmo y la tendencia del grupo influye, pero no bloquea el viaje. El ritmo general de los viajes son realistas y humanos. No se viaja al paso del más rápido ni del más lento, sino buscando un punto medio.
Cuando es posible, se ofrecen alternativas para que cada viajero pueda gestionar su energía sin romper la dinámica del grupo. La idea no es correr ni esperar eternamente: es adaptarse y avanzar juntos. Nuestros viajes son activos con ritmo intenso por lo que los viajeros han de ser realistas con tus limitaciones tanto físicas como mentales a la hora de viajar.
¡Claro que sí! De hecho, nuestros viajes están pensados precisamente para que puedas irte a la otra punta del mundo sin que te cueste más por venir solo. La gran mayoría de nuestros viajeros se apuntan de forma individual y, desde el minuto uno, el grupo es uno solo: no hay distinciones entre quien viene acompañado y quien no.
La convivencia es una parte esencial de nuestros viajes. Se comparten muchos momentos: trayectos largos, comidas, esperas, decisiones y alojamiento.
También los gastos comunes del viaje: alojamientos, comidas, transportes, actividades se gestionan mediante un fondo común (que hoy en día se hace a través de apps para contabilizar gastos) en el que todos (incluyendo el coordinador) contribuyen.
Las decisiones durante el viaje se toman por consenso, los viajeros pueden aportar ideas que complementen y sean realistas con la ruta que se ha cerrado a través del foro antes de salir de viaje.
Esta forma de viajar requiere tolerancia, adaptación y mucho sentido del humor porque a los imprevistos o desafíos del viaje de aventura se une la estrecha convivencia durante semanas.
Los grupos son de máximo 11 viajeros, más un coordinador. Este tamaño reducido nos permite movernos con mayor facilidad, adaptarnos mejor al ritmo del viaje, tomar decisiones de forma ágil y acceder a alojamientos y lugares que no siempre son viables para grupos más grandes.
Además, favorece una convivencia más cercana, una mejor dinámica de grupo y una relación más personal tanto entre los viajeros como con el coordinador.
El número máximo de plazas está pensado para mantener la esencia del viaje en grupo sin perder flexibilidad, cercanía ni autenticidad que caracteriza nuestros viajes.