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Nicaragua es uno de esos secretos que todavía se susurran entre viajeros. Un país donde los volcanes fuman, los lagos parecen mares y los pueblos conservan ese aire auténtico que ya cuesta encontrar. Aquí no hay prisas ni grandes circuitos turísticos, solo caminos que te llevan a lo inesperado.
Un viaje a Nicaragua es recorrer ciudades coloniales como Granada, con casas de colores y plazas que laten a ritmo propio. Es caminar por selvas escondidas entre montañas, es sentirte abrumado en la isla Ometepe, bañarse en lagunas dentro de cráteres o ver cómo el Pacífico golpea playas salvajes sin pedir permiso.
Y luego está su gente. Hospitalaria, cercana, curiosa. Aquí todos sonríen, te preguntan de dónde vienes y te recomiendan probar el gallo pinto o un buen ron. La amabilidad nicaragüense hay que vivirla. Como se vive el calor, los paisajes y ese ritmo tranquilo que se contagia sin querer.
Este es un viaje alternativo para quienes buscan países todavía vírgenes. Un viaje en grupo donde los descubrimientos se comparten, los volcanes se suben, los lagos se cruzan y las playas se disfrutan.
Nicaragua no es el destino típico. Pero si buscas naturaleza, cultura y un país que todavía conserva su esencia, este es tu sitio. ¿Te vienes?


En este viaje de aventura en Nicaragua, nos movemos en ocasiones en transporte privado, pero también usamos ferris, lanchas y, si se tercia, algún que otro autobús local para mezclarnos con el ritmo del país.
Los alojamientos son familiares, pequeños hoteles donde tocará compartir cama con otros viajeros y comemos en restaurantes sencillos y puestos locales. Gallo pinto, plátano frito, pescado fresco, jugos naturales… Nicaragua no necesita florituras para conquistar el estómago.
Como en todos nuestros viajes, vamos en grupo pequeño. Colaboramos, decidimos sobre la marcha, compartimos anécdotas, mochila y buenos momentos. Lo importante no es solo lo que ves, sino cómo lo vives… y con quién.



Hoy pasamos el día en la isla de Ometepe, en medio del enorme lago Nicaragua. La isla está formada por dos volcanes que se levantan sobre el agua y desde casi cualquier punto se ve su silueta. Salimos a caminar por un sendero que atravesaba campos, pequeñas casas y zonas de vegetación espesa. El ritmo era tranquilo, con el lago apareciendo a ratos entre los árboles.
En este viaje en grupo a Nicaragua la isla tiene una atmósfera especial. A lo largo del camino nos cruzamos con gente del lugar moviéndose en bicicleta, niños caminando hacia la escuela y algunos agricultores trabajando en los campos. De vez en cuando aparecían miradores naturales desde donde se veía el lago extendiéndose hasta el horizonte.
Este viaje alternativo tiene días como este, en los que simplemente se camina sin prisa, observando la vida cotidiana de la isla. El paisaje mezcla volcanes, agua y vegetación, creando un ambiente muy tranquilo. Cuando regresamos al pueblo, el sol empezaba a bajar y el lago reflejaba una luz suave sobre la superficie.
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¡Échales un ojo!