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Suecia es mucho más que lagos y bosques (aunque también tiene lagos y bosques para aburrir). Aquí las ciudades brillan con diseño y cultura, y el norte se convierte en un auténtico escenario ártico, donde el invierno no es un problema, es parte del plan.
Un viaje a Suecia puede empezar en Estocolmo, esa ciudad construida sobre islas donde lo moderno y lo histórico se mezclan sin esfuerzo. Barrios de casitas de colores, museos que cuentan mil historias y cafés donde el fika —esa costumbre sueca de parar y disfrutar— se convierte en religión.
Pero lo que de verdad hace diferente a Suecia en invierno está más arriba, cruzando el Círculo Polar Ártico. Allí el paisaje se cubre de nieve, los lagos se congelan y las noches se iluminan con las auroras boreales, ese espectáculo natural que convierte el cielo en un cuadro en movimiento.
Los que buscan un viaje alternativo lo encuentran aquí, entre pueblos perdidos, trineos tirados por perros y cabañas de madera donde el frío se combate con café y chimenea. Y recorrer el norte en un viaje en grupo hace que la experiencia se comparta: las rutas en la nieve, la caza de auroras y esas conversaciones que solo surgen cuando fuera todo está en silencio.
Un viaje de aventura en Suecia no necesita grandes gestos. Basta con mirar al cielo en la noche ártica y dejarse llevar.


Si tu idea de viaje invernal es más polar que piscina, este es tu plan. Aquí conducimos nosotros, turnándonos para recorrer carreteras entre abetos nevados y parar cada vez que aparece un paisaje de esos que parecen mentira. Es Suecia: las gasolineras tienen café decente y hasta los renos parecen educados.
Dormimos en albergues o apartamentos donde, con suerte, podemos cocinar nosotros. Porque sí, comer fuera en Suecia puede doler un poco (al bolsillo, principalmente), pero con buena compañía y una olla en condiciones, hasta el albóndigagate se supera con humor.
Hace frío, claro. Mucho. Pero no es un frío hostil: es ese frío seco que se lleva bien si vienes con ropa adecuada y ganas de moverte. ¿Hace falta estar en forma? Solo lo justo para caminar sobre nieve, disfrutar de alguna actividad en la naturaleza y salir corriendo con la cámara cuando aparezca una aurora.
Este viaje es para quienes no temen al invierno, no se asustan por cocinar en grupo y saben que el silencio blanco del norte guarda más magia que mil palabras. ¿Te apuntas?



Hoy fue la noche en la que el viaje a Suecia se convirtió en magia. Después de cenar en una cabaña de madera, nos abrigamos hasta las cejas y salimos al exterior. El frío era intenso, el silencio absoluto. De repente, una luz verde apareció en el horizonte, como una pincelada en el cielo. Después vino otra, y otra, hasta que todo el firmamento empezó a moverse en cortinas de colores: verdes, violetas, blancos que danzaban como humo vivo. Nos quedamos en silencio, con la respiración congelada, mirando arriba sin parpadear. Algunos del grupo reían nerviosos, otros lloraban sin decir palabra. Lo bonito de viajar en grupo a Suecia es que la emoción de una aurora boreal se comparte mejor cuando es con gente como tú. Este viaje alternativo nos regaló una noche helada, larga, que terminó con carcajadas y café caliente, sabiendo que lo que vimos quedará grabado para siempre.
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¡Échales un ojo!