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Bulgaria es ese rincón de Europa que pasa desapercibido… hasta que lo descubres. Y entonces te preguntas por qué no lo habías descubierto antes. Montañas cubiertas de bosques, monasterios entre valles, pueblos con sabor a otro siglo y un mar Negro que, de negro, tiene poco, y de encanto, mucho.
Un viaje a Bulgaria es una mezcla constante de historia y naturaleza. Caminas por los senderos de los Balcanes, visitas iglesias excavadas en la roca y terminas el día en una aldea donde la vida va lenta y la rakia se sirve sin preguntar.
Las montañas de Rila y Pirin ofrecen un paraíso para los que disfrutan caminando sin necesidad de ser alpinistas. Y el monasterio de Rila, rodeado de bosque y niebla, parece sacado de un cuento ortodoxo. Aquí, lo sagrado y lo cotidiano conviven en armonía.
Este es un viaje en grupo para los que quieren explorar sin prisas, descubriendo la Bulgaria rural y auténtica. Un viaje alternativo, lejos de los tópicos, donde cada día sorprende. Y un viaje de aventura, porque los mejores paisajes y los encuentros más auténticos no están en las autopistas, sino en los caminos de tierra.
Bulgaria es ese destino que no promete grandes titulares, pero que acaba conquistándote cuando menos te lo esperas.


Bulgaria no está en muchas listas de “viajes soñados”, pero quizá por eso sorprende tanto. Porque aquí te esperan montañas cubiertas de bosques, monasterios escondidos y pueblos que parecen anclados en el tiempo.
Es un viaje 100 % por tierra, en grupo reducido, por carreteras que a veces son más poéticas que prácticas. Pero eso es parte del encanto: moverse despacio, ver cómo el paisaje cambia y descubrir rincones que no salen en las guías.
Dormiremos en alojamientos sencillos y con carácter local. A veces casa rural, otras hotel básico o dormitorio compartido. No habrá lujos, pero sí camas cómodas, duchas decentes y muchas ganas de seguir ruta.
¿La comida? Contundente y sin pretensiones. Sopas, guisos, pan recién hecho, queso y más queso. Si buscas cocina fusión o tofu orgánico, no es tu destino. Pero si te gusta comer bien, vas a ser feliz.
El clima es cambiante: calor seco, tormentas de verano, noches frescas. En la mochila, desde chanclas hasta forro polar. Y si te va lo auténtico, los caminos de tierra y los viajes con alma, Bulgaria te va a conquistar sin hacer ruido.



Hoy caminamos por el Parque Nacional de Rila para ver los famosos Siete Lagos. El sendero empieza entre praderas y poco a poco va ganando altura. Al principio el camino es suave, pero a medida que avanzamos aparecen pendientes más marcadas y el paisaje se abre cada vez más. El primero de los lagos aparece de repente, oscuro y tranquilo, rodeado de montañas. Después llega otro, y otro más, cada uno con una forma distinta. Algunos están conectados por pequeños arroyos que bajan entre las rocas.
En este viaje en grupo a Bulgaria la caminata de hoy ha sido uno de esos días en los que el paisaje cambia constantemente. Desde lo alto se ven varios lagos al mismo tiempo, extendidos en diferentes niveles de la montaña. El viento soplaba fuerte en la parte más alta y el agua reflejaba el cielo gris. Nos quedamos un rato mirando el valle antes de empezar el descenso. Este viaje alternativo tiene momentos muy tranquilos, caminando entre montañas donde apenas se escucha más que el viento y el agua.
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¡Échales un ojo!