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Canadá no es un país, es un continente en sí mismo. Una tierra de extremos, donde puedes perderte en ciudades vibrantes o desaparecer en la naturaleza más salvaje sin dejar rastro. Aquí todo es grande: las montañas, los lagos, los bosques… y hasta los desayunos.
Las ciudades tienen su encanto. Rascacielos de cristal, barrios históricos, mercados donde todo huele a jarabe de arce y frutos rojos y cafeterías donde los canadienses te preguntan cómo estás aunque no te conozcan. Pero lo realmente espectacular empieza cuando sales de ellas.
Porque lo mejor de viajar a Canadá está sin duda fuera de los núcleos urbanos. Montañas afiladas que tocan el cielo, lagos de un azul imposible, bosques donde los árboles parecen no tener fin. Te despiertas con vistas a glaciares, caminas por senderos donde solo se escuchan tus pasos y un río cristalino, y en cualquier momento puede aparecer un alce como si nada.
Los parques nacionales son otra historia. Caminas por cañones, navegas entre islas cubiertas de bosque, ves cascadas que parecen no acabar nunca. Y cuando crees que lo has visto todo, aparece otro paisaje que te hace replantearte qué es lo más impresionante que has visto en tu vida.
En Paso Noroeste queremos descubrir Canadá participando activamente en el viaje. Este es un viaje en grupo donde todos colaboramos desde la conducción hasta el día a día del viaje. Es para vivirlo, para sentir el frío del aire puro en la cara, para disfrutar delante de una hoguera, para perderte en un bosque que no tiene fin.
Si quieres aventura, paisajes imposibles y la sensación de estar en un sitio donde la naturaleza manda, Canadá te está esperando.


Canadá es muy grande, y para movernos por él lo hacemos con vehículos conducidos por nosotros mismos. Es parte de la experiencia: compartir la ruta, participar, turnarse al volante y formar parte del día a día del grupo. Aquí no hay conductores ni guías externos, el viaje lo hacemos entre todos.
La ruta se centra en los grandes espacios naturales, con muchas paradas y pequeñas caminatas. No es un viaje técnico, pero sí hay que tener buena movilidad, energía y ganas de andar. Los senderos no son duros, pero sí frecuentes: subimos a miradores, bordeamos lagos, cruzamos bosques y exploramos cañones. La recompensa es constante.
Dormimos en alojamientos sencillos y bien situados, o en zonas de acampada integradas en plena naturaleza. Nada de lujo, pero sí todo lo necesario para descansar después de un día en ruta.
El clima incluso en verano puede ser fresco, la lluvia ocasional y noches estrelladas con necesidad de abrigo. En la mochila, capas, calzado cómodo y muchas ganas de respirar aire puro.
Si buscas un viaje en grupo por Canadá donde tú también formes parte del camino, rodeado de naturaleza salvaje y con alma mochilera, este es tu sitio.



Hoy hemos conducido por la que muchos dicen que es una de las carreteras más bonitas del mundo: la que une Jasper con Banff. Y después de pasar el día aquí, creo que tienen razón. Salimos temprano, con el aire frío de la mañana y las montañas todavía medio cubiertas de nubes. La carretera atraviesa un paisaje que parece no terminar nunca: picos donde aún se visulmbra nieve, bosques de pinos interminables y lagos de un azul imposible que aparecen de repente entre las curvas.
En este viaje en grupo a Canadá el roadtrip es parte de la aventura. Hoy no teníamos prisa. Parábamos cada poco: un mirador, un lago turquesa, una cascada que caía entre las rocas o simplemente un sitio donde el paisaje nos obligaba a detener el coche. En uno de esos miradores nos quedamos un rato largo mirando un glaciar enorme que bajaba por la montaña como si fuera un río congelado.
Este viaje alternativo tiene algo especial cuando conduces tú mismo. No vas mirando el paisaje desde una ventana, sino que formas parte del camino. Compartimos la música en el coche, las conversaciones largas y decidimos entre todos dónde parar. En un momento vimos un alce a lo lejos cruzando entre los árboles y todos nos quedamos en silencio. Son esos instantes inesperados los que hacen que esta aventura por Canadá se quede grabada para siempre.
Al final del día llegamos cansados pero felices. Hoy no ha sido solo un trayecto entre dos parques nacionales. Ha sido uno de esos días de carretera que se quedan grabados para siempre. Viajar en grupo lo hace todavía mejor: buena gente, paradas improvisadas y la sensación de estar viviendo una pequeña aventura en mitad de las Montañas Rocosas.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!