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Georgia es ese destino que nadie te recomendó… y que luego tú recomiendas a todo el mundo. Porque viajar a Georgia es entrar en un mundo de contrastes: montañas que cortan el aliento, ciudades con alma soviética y mesas donde el vino corre como si no hubiera un mañana.
Este viaje en grupo es para descubrir un país que huele a pan recién horneado, a queso fundido y a aventura sin GPS. Desde Tiflis, una capital tan antigua como moderna, con sus callejones llenos de historia y baños sulfurosos, hasta los valles del Cáucaso, donde las vacas tienen más prioridad que los coches y los paisajes parecen inventados.
Aquí cada curva es una sorpresa: torres medievales que vigilan los valles, carreteras imposibles que suben a aldeas colgadas en la montaña, iglesias en lo alto de acantilados y abuelas que te invitan a comer aunque no hablen ni una palabra de inglés. Pero da igual, con una copa de vino georgiano en la mano todo el mundo se entiende.
En Georgia, el viaje no se mide en kilómetros, se mide en brindis. Y en supras, esas comilonas eternas donde siempre hay sitio para uno más. Y en caminos de tierra que llevan a monasterios excavados en roca, a cuevas habitadas hace siglos o a miradores donde el silencio lo dice todo.
Es un viaje alternativo, con ese punto salvaje que tanto nos gusta. Porque Georgia es montaña, historia, vino, canciones a coro y paisajes que no necesitan filtros ni adornos. Un país donde lo inesperado forma parte del plan.
Si buscas un viaje diferente, con paisajes épicos, cultura con carácter y la sensación de estar descubriendo algo antes de que se vuelva “instagrameable”, Georgia te va a conquistar. Y sí, aquí se brinda por todo. Así que… ¡gaumarjos!


Este viaje es para quienes saben que compartir forma parte de la experiencia. Viajamos en grupo pequeño, dormimos en alojamientos locales y, a veces, compartir cama doble puede ser parte del viaje. Porque en Georgia no siempre hay hoteles estándar, pero sí mucha hospitalidad: casas de huéspedes donde la comida no se acaba nunca y el desayuno es casi un festín.
Nos movemos en furgonetas con conductor, en autobuses, subimos a pueblos remotos por carreteras de montaña y caminamos por senderos entre pastos y aldeas. No es un viaje de grandes exigencias físicas, pero sí ganas de andar por la naturaleza y dejar que la ruta nos sorprenda. La convivencia es clave: se comparten historias, canciones, platos y a veces hasta habitaciones. Lo inesperado es parte del encanto.
Si buscas un viaje diferente, con paisajes épicos, cultura con carácter y esa sensación de estar llegando antes de que se llene de turismo, Georgia te va a conquistar.



Hoy he visto una de las postales más impresionantes de este viaje en grupo a Georgia. Frente a mí, en lo alto de una colina, la iglesia de Gergeti se recortaba contra el fondo majestuoso del Cáucaso. Las nubes se deslizaban lentamente, dejando ver picos nevados que parecían tocar el cielo. El aire estaba fresco, limpio, con ese olor a montaña que te llena los pulmones. Me quedé quieto, observando cómo el sol iluminaba la piedra de la iglesia y hacía brillar la nieve a lo lejos.
Este viaje alternativo me está regalando momentos que no me esperaba. Me está sorprendiendo este país. Hoy, en Kazbegi, entendí que hay lugares que no solo se visitan: se guardan dentro para siempre.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!