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Kazajistán es uno de esos países que nadie sabría ubicar en un mapa… hasta que llegas y no entiendes cómo no hiciste este viaje antes. Porque aquí la estepa no es aburrida, es infinita. Los lagos parecen espejos de otro mundo, las montañas rozan el cielo y los cañones tienen más curvas que una carretera de los Alpes.
En este viaje en grupo nos subimos a una furgoneta y cruzamos paisajes que cambian más que tu serie favorita: estepa interminable, glaciares, valles verdes y un cielo tan grande que te hace sentir pequeñísimo. Por el camino, dormimos en casas locales, en tiendas o en yurtas. Lo importante no es el colchón, es la experiencia: sopa caliente, charla con señores sin idioma común y muchos brindis con té (o vodka, según el día).
Astana, la capital futurista plantada en mitad de la estepa, donde los edificios parecen salidos de una expo universal. Un buen contraste: del diseño extravagante al polvo del camino en apenas unas horas. Desde aquí nos lanzamos a la carretera, con mochila, grupo pequeño y muchas ganas de aventura.
Almaty, ciudad con alma de cafés hipsters, mercados soviéticos, montañas a tiro de piedra y ese caos amable que tienen las ciudades que no se han rendido al turismo.
Pero la magia está fuera: en los caminos de tierra que llevan a lagos escondidos, en los días donde nadie más aparece en kilómetros y en las noches que solo se iluminan con estrellas (o la linterna que olvidaste apagar).
Este viaje a Kazajistan en grupo es para los que disfrutan cuando no hay wifi, para los que se ríen cuando se pierden, para los que creen que la aventura empieza justo cuando sales de lo conocido.
Kazajistán no es un destino típico. Y eso es exactamente lo que lo hace inolvidable.


Viajamos en tren, autobús o vehículos con conductor, a veces muchas horas al día, porque las distancias son largas y los paisajes lo merecen. Las rutas no siempre están asfaltadas y los planes pueden cambiar con el clima… o con lo que el camino depare.
Los alojamientos son sencillos. Hoteles en las grandes ciudades, albergues compartidos, yurtas o casas de familias locales que te meten en la vida real del país, y con baños que a veces son una aventura en sí mismos. Pero ahí está la gracia: lanzarte a un viaje de aventura sabiendo adaptarte a todo.
Es un viaje ideal para los que disfrutan cuando no todo está planeado, para los que no necesitan comodidades pero sí buena actitud. Aquí hay mucha carretera, mucha naturaleza, mucha estepa… y también mucho compañerismo.
Este viaje a Kazajistan en grupo es para los que disfrutan cuando no hay wifi, para los que se ríen cuando se pierden, para los que creen que la aventura empieza justo cuando sales de lo conocido.



Ya hemos cruzado el ecuador de este viaje de aventura por Kazajistán, y hoy hemos llegado al corazón de Tian Shan, donde los prados alpinos se tiñen de verdes intensos y el aire huele a flores silvestres. Subimos por un sendero que serpenteaba entre laderas cubiertas de hierba, con el rumor del agua bajando desde los glaciares lejanos. Este viaje en grupo a Kazajistán es una mezcla de paisajes inmensos y sensaciones que no se capturan con fotos: el frescor del viento, el sonido de los cascos de los caballos pastando y esa luz clara que solo existe en alta montaña.
Desde lo alto, el valle se abría como un mapa desplegado: ríos transparentes brillaban al sol y, más allá, la estepa dorada se extendía hasta perderse en el horizonte. El grupo se ha dispersado, cada uno a su aire, haciendo fotos y guardando este paisaje en la retina. En este viaje alternativo, estos instantes son conversaciones lúcidas con la naturaleza. Y aunque Kazajistán no es un destino que se conozca mucho, este viaje me ha enseñado que hay muchos destinos por descubrir que sorprenden a los viajeros curiosos se aventuran.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!