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China no es un viaje, es un golpe de realidad. Todo es nuevo, todo es diferente, todo es un poco caótico. Aquí hasta pedir la comida es una aventura. Miras el menú, intentas adivinar qué es cada plato, señalas algo al azar y rezas para que no sea un plato de medusa.
Pero justo por eso, cada día en China es una sorpresa. Las ciudades son un espectáculo. Gente por todas partes, luces, mercados que nunca duermen y calles donde lo tradicional y lo futurista conviven sin preguntar. Pasas de un barrio lleno de rascacielos con neones a una callejuela donde un anciano hace dumplings en una olla de bambú. Nadie habla inglés, pero todo el mundo intenta ayudarte.
Y luego está la otra cara de China. La de los pueblos donde el tiempo va a otro ritmo. Casas de madera, arrozales en terrazas infinitas y mercados donde se vende de todo (y cuando decimos todo, es TODO). Es el tipo de lugar donde nadie se sorprende de verte, pero tú no puedes dejar de sorprenderte.
La naturaleza en China no se parece a nada. Montañas imposibles, bosques de piedra, ríos que se pierden entre niebla y senderos donde sientes que has viajado en el tiempo. Y lo mejor es que, cuando crees que ya lo has visto todo, aparece otro paisaje que te deja con la boca abierta.
En Paso Noroeste tenemos varias rutas por China, desde Beijing donde paseamos entre templos, rascacielos y calles donde el pato laqueado se cocina al lado de una peluquería con neones, cruzando la impronunciable Zhangjiajie y pasando por Guilin, con sus montañas kársticas que parecen sacadas de una pintura antigua y ríos que se deslizan entre la niebla como si el tiempo no tuviera prisa y acabando en Hong Kong.
Si quieres comodidad, sigue buscando. Si quieres un viaje alternativo por China que te haga sentir que estás descubriendo algo nuevo en cada paso, este es el tuyo.


China no es un país, es un planeta en sí mismo. Las distancias son enormes y en nuestros viajes por China recorremos muchos kilómetros. Tren, carretera, metro, barco… y lo que toque. Puedes pasar de una megalópolis como Shanghái a un pueblo rodeado de arrozales sin wifi (ni café con leche) en cuestión de horas… o trenes. Porque sí, moverse por China lleva tiempo, pero cada trayecto es parte del viaje.
Viajar por China no es fácil. Google no funciona, los mapas no ayudan, hacer cola es un cabreo constante, a veces acabas pidiendo la comida señalando el plato del vecino y conseguir comunicarte es nivel experto. Pero con buen humor y una mente abierta, se convierte en uno de los viajes más divertidos de tu vida.
Los alojamientos son variados: desde hoteles sencillos con camas cómodas hasta habitaciones donde toca compartir dormitorio o, si no hay opción, cama doble con otro viajero. Nada de lujo, pero sí todo lo que hace falta para descansar después de un día lleno de estímulos.
Comer en China es toda una experiencia. Los mercados callejeros son un espectáculo sensorial donde se mezcla lo delicioso con lo… incierto. A veces comes algo increíble, otras no tienes del todo claro qué has pedido. La higiene puede variar, pero con un poco de espíritu viajero y unas toallitas a mano, se sobrevive. Y se disfruta. Y si vienes con curiosidad, vas a disfrutar como un niño en una feria.
Y como en todos nuestros viajes en grupo, lo importante es compartirlo: las risas cuando pedimos por señas, los trayectos infinitos y ese momento en que todos se quedan en silencio delante de un paisaje que parece irreal.
Si buscas un viaje alternativo por China, lleno de contrastes, donde cada día es una sorpresa y cada paso te saca de lo conocido, China te está esperando.



Me está encantando este viaje a China. Hoy hemos vivido una de esas escenas que no se olvidan. Entramos en un restaurante local, lejos de las zonas turísticas. La carta estaba toda en chino, sin una sola foto. Ni una. El dueño nos miraba con una sonrisa amable… y sin una palabra de inglés. Entonces nuestro coordinador, sin perder la calma, empezó su show. Se llevó las manos a las axilas y cacareó: “¡cluck cluck!” – quería pollo. Luego movió la mano como si fuera una aleta: “¡glu glu!” – pescado. Todos rompimos a reír. Pero lo mejor vino cuando dejó unos cuantos billetes sobre la mesa, señalando el dinero y luego señalándose el estómago, como diciendo: “esto es lo que quiero gastar”. El dueño asintió, se fue a la cocina, y al rato apareció con varios platos que no sabíamos qué eran… pero estaban deliciosos. En este viaje en grupo a China, hay momentos surrealistas, improvisados, divertidos. Así es este viaje alternativo: cuando no entiendes nada, pero lo vives todo.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!