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Guatemala es un país que poco a poco se ha ido convirtiendo en un referente viajero en Centroamérica. Te atrapa poco a poco, con un volcán en el horizonte, un mercado que parece una caja de pinturas y una sonrisa tímida que se convierte en complicidad en dos segundos.
Este viaje en grupo por Guatemala es una aventura que mezcla naturaleza salvaje, cultura maya viva y momentos que solo se viven en un viaje mochilero. Desde Antigua, con sus calles empedradas entre ruinas coloniales, hasta los volcanes del altiplano, donde puedes ver la lava del Pacaya o subir al Acatenango para tocar el cielo, y al día siguiente, navegar por el Lago Atitlán con volcanes reflejados en el agua y pueblos indígenas en cada orilla, cada uno con su ritmo y su alma propia.
Y luego está Chichicastenango, ese mercado donde los colores no tienen miedo de mezclarse. O Tikal, perdido en la selva, donde los monos aúllan entre templos mayas que siguen ahí, desafiando al tiempo y al musgo.
Pero Guatemala no se queda ahí. También nos vamos al norte, a Semuc Champey, ese rincón escondido de pozas turquesa entre selva espesa que parece sacado de un sueño. Y al este, a Río Dulce, donde el viaje se hace en lancha entre manglares, y se llega a Livingston, un pueblo caribeño con alma garífuna donde la música y el sabor cambian de ritmo.
Guatemala no es un país para ver desde la ventanilla. Es para caminarlo, para mojarse con la lluvia tropical, para brindar con una cerveza con un desconocido y para dejarse llevar por un ritmo distinto, más lento, más profundo.
Los trayectos aquí no son siempre cómodos, pero sí inolvidables. Porque entre curvas, gallinas y volcanes, pasa algo mágico: el viaje se vuelve auténtico. Y tú también.
Este es un viaje a Guatemala para quienes buscan mezclarse con la vida local, priorizan la autenticidad sobre el confort y quieren vivir Centroamérica desde dentro, en grupo con gente como tú.


Este viaje es para quienes entienden que lo auténtico no siempre es lo cómodo. Nos movemos en buses locales, furgonetas con conductor o lo que toque. Los trayectos pueden ser largos, lentos y algo caóticos, pero siempre dejan huella. Y sí, los hoteles no siempre tienen camas separadas: a veces hay que compartir cama doble, o habitación con quien ronca. Son cosas del viaje, y también parte de lo que lo hace único.
Dormimos en alojamientos sencillos, bien situados y muy locales. No esperes lujos, pero sí desayunos caseros, duchas que a veces sorprenden y terrazas con vistas que lo arreglan todo. Caminamos bastante, subimos volcanes, cruzamos mercados, y si llueve, nos mojamos. Porque Guatemala se vive con los pies en la tierra.
Si buscas un viaje alternativo por Guatemala, con volcanes, ruinas, mercados, pueblos con alma y un grupo con ganas de compartirlo todo —incluso cama—, Guatemala te va a fascinar. Y sí, puede que vuelvas con ceniza en las botas… pero también con historias que no caben en la maleta.



Esta mañana, mientras caminábamos todo el grupo entre las ruinas mayas de Tikal, un rugido profundo retumbó entre los árboles. Al principio pensé que era un trueno lejano, pero el coordinador sonrió: “monos aulladores”.
En este viaje en grupo a Guatemala hay momentos así, en los que la naturaleza te envuelve por completo y te sientes viviendo una aventura. El sonido grave se repetía, como si la selva hablara, y entre las piedras cubiertas de musgo y los templos asomando sobre las copas, me sentí dentro de otra época. El calor húmedo, el olor a tierra y el silencio del grupo me recordaron por qué me gustan los viajes alternativos: porque no todo se ve, algunas cosas se escuchan y se sienten. Uno del grupo me hizo un gesto para seguir, pero me quedé unos segundos más, queriendo memorizar ese rugido antes de volver al sendero.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!