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Nepal no es solo montañas. Es un país donde los templos se mezclan con las banderas de oración, donde las ciudades huelen a incienso y a especias, y donde los Himalayas parecen vigilarlo todo desde las alturas. Aquí, cada paso es un descubrimiento y cada mirada se cruza con una sonrisa.
Un viaje a Nepal es perderse por las callejuelas de Katmandú, donde las motos esquivan puestos de fruta y los templos emergen entre el caos con una calma que sorprende. Pero Nepal también es senderos que se retuercen entre montañas, aldeas remotas donde el tiempo se detiene y cielos tan despejados que las cumbres nevadas parecen estar al alcance de la mano. Nepal es Pokhara y su lago, reflejando las cumbres de los Himalayas. Es Chitwan y la selva, donde los rinocerontes campan a sus anchas entre miradas asombrosas de los viajeros.
Este es un país que se explora caminando. Un viaje de aventura donde los caminos de tierra, los monasterios escondidos y los pueblos perdidos son parte del plan. Y hacerlo en un viaje en grupo lo convierte en una experiencia aún más especial: se comparten paisajes, pasos y ese cansancio feliz que solo entiende quien ha subido a pie.
Nepal no es solo un destino para montañeros. Es un viaje alternativo para los que buscan autenticidad, andar entre terrazas de cultivo, cruzar puentes colgantes, saludar a niños con los pies descalzos y sentarse en una aldea a tomar un té mirando al Himalaya.
En Nepal se suben montañas, sí. Pero también se baja el ritmo, se amplía la mirada y se descubre un país que va mucho más allá de sus cumbres. ¿Te vienes a descubrir el otro Nepal?


Este viaje incluye varios días de trekking. No es extremo, pero sí requiere tener algo de forma física y, sobre todo, muchas ganas de caminar y descubrir el país a otro ritmo. Las etapas son moderadas, pero constantes.
Dormimos en alojamientos sencillos: guesthouses y hoteles familiares. A veces habitaciones dobles, triples… o compartidas con más gente. Pero seguro que con buenas vistas.
Comemos donde se puede: platos caseros, dhal bat, arroz, sopas, fideos y algo dulce si hay suerte. Sencillo, local y reconfortante.
Este es un viaje mochilero, donde viajamos en grupo pequeño, ayudándonos, adaptándonos, compartiendo caminos y conversaciones al pie de los Himalayas.
¿Te animas a descubrirlo?



Tras varias horas de subir por un increíble sendero atravesando un valle de una belleza inusual, cruzando aldeas y puentes colgantes, hemos llegado a la guesthouse. En este viaje en grupo a Nepal, cada etapa del trekking es un pequeño reto que se premia con momentos así: una taza de té caliente entre las manos, las botas dejadas junto a la puerta y el cuerpo agradeciendo el descanso.
La tarde comienza a caer, y en la cocina ya se respiran los aromas de la cena. Nos sentamos todo el grupo en círculo, compartiendo las anécdotas de la jornada y la satisfacción de haber llegado juntos. Desde la ventana, el sol se escondía detrás de las montañas, tiñendo las cumbres de un rosa imposible. Este viaje alternativo te enseña que la aventura está en compartir con tus compañeros las historias al final del día. Nos acercamos al último día de ascensión, pero el verdadero premio es este: sentirse parte de un grupo que vive el viaje con la misma alegría que yo.
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¡Échales un ojo!