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Perú es un país que no se recorre, se saborea, se escucha y se respira. Aquí, la historia se mezcla con la vida diaria y los paisajes parecen competir por dejarte sin palabras. Desde las montañas que rozan las nubes hasta la selva infinita o la costa salpicada de pueblos, todo tiene algo que engancha.
Un viaje a Perú es mucho más que Machu Picchu —aunque sí, cuando lo ves en persona, entiendes por qué está en todas las postales—. Pero este país es mucho más: son los mercados de Cusco, el misterio del Valle Sagrado, las islas flotantes del Titicaca, los cóndores sobrevolando el cañón del Colca y las sonrisas de su gente, que te invitan a descubrir su tierra abriéndote las puertas.
Este es un viaje en grupo para los que quieren compartir el asombro de cada paisaje y cada bocado. Un viaje alternativo para salirse de los caminos marcados y descubrir un Perú que va más allá de los clichés. Y un viaje de aventura, donde las montañas se suben, los ríos se cruzan y la selva te recuerda que aquí la naturaleza siempre manda.
Perú es tierra de ruinas, de sabores y de historias que aún se cuentan al calor de la lumbre. Y una vez lo conoces, sabes que solo es cuestión de tiempo que quieras volver.


Perú lo tiene todo… y eso implica moverse. Vas a cambiar de altitud más veces que de camiseta: del nivel del mar a más de 3.000 metros en cuestión de días. Así que mejor venir con ganas de adaptarse y tomarse la altura con calma (y mucho mate de coca).
Las distancias no son enormes, pero el terreno es exigente. Eso significa horas de bus, madrugones y caminatas que valen la pena solo por lo que hay al final del camino.
Dormimos en alojamientos sencillos: hostales, casas familiares o pequeños hoteles con encanto. A veces con vistas, otras con gallos. Pero siempre con lo necesario y más de una conversación que vale la pena.
La gastronomía es otro viaje en sí mismo. Aquí se come bien en cualquier rincón. Si no sabes qué pedir, déjate llevar por el menú del día. Y si ves ceviche en la costa o una sopa bien caliente en el altiplano, estás en buenas manos. El pisco sour entra solo, pero sale con historia.
Es un viaje en grupo para quienes no necesitan cinco estrellas, pero sí cinco sentidos. Para quienes buscan compartir un viaje, para los que se adaptan, preguntan, prueban y saben que la mejor forma de conocer un lugar es sumergiéndose con la población local.



Ya estamos en los últimos días de este viaje de aventura a Perú. Hoy he paseado por las calles empedradas de Cusco, respirando ese aire fresco que huele a historia y altura. Es el último día antes de subir a Machu Picchu y se nota en el ambiente una mezcla de emoción y nerviosismo. El grupo camina más despacio, como si quisiéramos alargar este momento. Hemos probado el enésimo pisco sour del viaje en un bar escondido y comprado unos últimos recuerdos en el mercado de San Pedro. En este viaje en grupo a Perú, hemos congeniado bien, con buen ambiente y charlas animadas entre todos los viajeros. Cusco nos ha acogido con sus muros incas, sus balcones coloniales y su energía ancestral. Mañana toca madrugar y preparar la mochila, rumbo a la última gran etapa de este viaje alternativo a Perú.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!