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Tailandia es un país que se cuela por todos los sentidos. Aquí todo tiene sabor, color y movimiento. Los templos dorados se asoman entre el bullicio de las ciudades, las playas parecen sacadas de un sueño y los mercados huelen a curry, coco y aventura.
Un viaje a Tailandia es dejarse llevar por el caos amable de Bangkok, perderse entre budas gigantes y callejones con puestos de comida, y entender que aquí todo funciona… aunque al principio no lo parezca. Pero Tailandia no se queda en sus ciudades. Al norte, los arrozales, las montañas y los templos muestran una cara más tranquila, donde la gente vive al ritmo del campo y los monjes caminan al amanecer.
Y cuando el sur llama, lo hace con sus playas de arena fina, islas donde el mar es de un azul imposible y esas montañas kársticas que se alzan sobre el agua desafiando la gravedad. Aquí la aventura se mezcla con la calma, y cada isla tiene su propia historia.
Este es un viaje alternativo, para los que quieren más que fotos bonitas. Un viaje de aventura con templos ocultos, senderos que cruzan la selva y barcos que te llevan a playas sin nombre. Y lo mejor de un viaje en grupo, es que puedes compartir sabores, sorpresas y muchas risas en el camino.
Compartir un viaje en grupo por este país significa sumergirse en su cultura, en sus sabores y en esos paisajes que parecen no terminar nunca. Y sí, también es un viaje de aventura, porque los caminos de tierra, las cascadas ocultas, las islas escondidas y los templos perdidos son parte del plan.
Tailandia es un país para descubrir. Y cuando te dejas llevar, entiendes por qué todo el mundo quiere volver.


Este viaje es para ti si no te importa cambiar de transporte más veces que de camiseta. Aquí nos movemos en buses locales, trenes nocturnos, tuk-tuks, barcas largas, pick-ups y, cuando toca, algún vehículo privado. ¿Cómodo? A veces. ¿Divertido? Siempre.
No hace falta ser un atleta, pero sí tener algo de paciencia, curiosidad y cierto nivel de flexibilidad (corporal y mental). En Tailandia las distancias engañan y los horarios son orientativos, pero lo compensa todo: los trayectos suelen ser parte del viaje y hasta las estaciones de autobús tienen su encanto… o su buen plato de pad thai.
Comemos donde come la gente local. Eso significa que vas a descubrir sabores nuevos, picantes a veces traicioneros y sopas que pueden llevar ingredientes misteriosos. Y sí, los huevos milenarios existen, pero nadie te va a obligar a probarlos (aunque sería divertido).
Este es un viaje para los que disfrutan de lo inesperado, de descubrir una playa paradisiaca o en un tren que cruza la selva, de dormir en alojamientos sencillos y de no necesitar un plan cerrado para pasarlo bien.
Si eso te suena bien, ya estás tardando: Tailandia te va a encantar.



Hoy subimos todo el grupo los 306 escalones que llevan hasta el Wat Phra That Doi Suthep. El calor apretaba y cada peldaño parecía más largo que el anterior, pero el esfuerzo mereció la pena. En la cima, el templo dorado brillaba bajo el sol, con campanas que tintineaban al viento y peregrinos encendiendo incienso en silencio. Desde el mirador, Chiang Mai se extendía a nuestros pies, una mezcla de tejados, árboles y montañas en la distancia. El grupo se dispersó: algunos se quedaron fotografiando el chedi, otros se sentaron a descansar en la sombra. Yo me quedé quieto, mirando la ciudad desde arriba, intentando grabar esa imagen en la memoria. En este viaje en grupo a Tailandia, sudamos subiendo las escaleras del templo. El premio fue una vista inmensa, una brisa ligera y la sensación de que, a veces, basta con subir unos escalones para sentirse lejos de todo.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!