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Brasil es un país que no se visita, se siente. Se siente en la arena caliente bajo los pies, en el sonido de una samba que se cuela por las calles, en una “cerveja gelada” que te salva del calor.
Y en este viaje en grupo a Brasil se vive con intensidad. Porque Brasil no es solo un paisaje bonito, es una energía que te envuelve. Es esa sensación de libertad cuando recorres sus playas infinitas. Es la primera vez que pruebas un açaí bien frío. Es bailar sin darte cuenta, porque aquí la música no se escucha, te mueve.
Kilómetros de arena dorada, un chiringuito con música, una hamaca en la sombra, un coco recién abierto. Montañas que se levantan en el horizonte, cascadas escondidas entre la selva y dunas de arena blanca que esconden lagunas de agua turquesa. Aquí el paisaje cambia cada día, pero siempre te deja con la boca abierta.
Y luego está su gente. Brasileños que te sonríen sin conocerte, que te enseñan a pedir un buen “churrasco” y que convierten cada conversación en una fiesta. Porque Brasil es ese país donde todo el mundo parece estar de buen humor, y si no lo está, se le pasa con una caipirinha.
Y si hay un lugar donde todo esto se junta, es en Río de Janeiro. Una ciudad que no descansa, que brilla, que te atrapa. Desde lo alto, el paisaje parece irreal: montañas verdes que se lanzan al mar, playas que no terminan nunca y una energía que lo llena todo. Río no es una ciudad para ver, es una ciudad para vivir.
Si buscas un viaje monótono, sigue buscando. Si buscas un viaje a Brasil en grupo buscando aventuras en playas de postal, paisajes alucinantes y un país donde cada día es una celebración, Brasil te está esperando.


Brasil es grande. Muy grande. Aquí las distancias se miden en horas y los paisajes cambian tanto como el ritmo de la samba. Playas infinitas, selva, dunas, montañas y ciudades que no paran. Prepárate para algún vuelo interno o autobús nocturno si quieres descubrir todo lo que este país tiene guardado.
El calor es parte del viaje. El sol pega fuerte, la humedad acompaña y la arena… bueno, la arena va a aparecer hasta en los bolsillos. Pero entre chapuzones, cervejas heladas y frutas tropicales, todo se lleva mejor.
Si lo tuyo es la aventura, aquí hay para rato: caminar por los paisajes surrealistas de los Lençóis Maranhenses, perderse por los senderos y cascadas de la Chapada Diamantina o recorrer dunas y lagunas escondidas. Y, por supuesto, disfrutar de su gastronomía: açaí, churrasco, moquecas y sabores que no se olvidan.
Eso sí, en Brasil el confort es relativo. A veces dormimos en dormitorios o, si no hay camas twin, toca compartir colchón. Como siempre, lo más importante es la convivencia.
Si buscas un viaje alternativo en grupo, auténtico y con sabor a mar y aventura, Brasil te espera.



Hoy ha sido uno de esos días que te llenan de sol por dentro. Llevamos ya dos jornadas en buggy por las playas del noreste de Brasil y la sensación de libertad es brutal. El viento en la cara, las ruedas sobre la arena húmeda, el sol cayendo a plomo y kilómetros de costa vacía.
No hay edificios, ni carreteras, solo mar a un lado y dunas al otro. El “buggeiro” hace el viaje muy agradable, con frecuentes paradas para tomar un coco, darse un chapuzón y saltar todo el grupo en las olas.
En este viaje en grupo a Brasil hay momentos de pura adrenalina, y otros de silencio y contemplación. Esta ruta en buggy ha sido una de las mejores decisiones del viaje: mezcla de aventura, paisaje y amistad. El viaje alternativo que estábamos buscando. Cuando el día termina, estamos cubiertos de sal y arena, cansados pero felices. Y lo mejor es saber que mañana… ¡más!
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¡Échales un ojo!