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Portugal no termina en Lisboa ni en Oporto. A cientos de kilómetros del continente, en mitad del Atlántico, hay dos joyas que parecen flotar entre nubes y volcanes: las Azores y Madeira. Aquí la naturaleza se desborda y el verde no entiende de tonalidades.
Un viaje a Portugal por las Azores es perderse entre lagos que se tiñen de azul y verde en el mismo cráter, acantilados que se asoman al mar y senderos que cruzan bosques cubiertos de niebla. La tierra huele a azufre, las aguas termales invitan a quedarse y las ballenas se dejan ver si tienes paciencia y algo de suerte.
Madeira, por su parte, es un jardín colgado en mitad del océano. Montañas escarpadas, levadas que se cuelan por valles profundos y miradores que quitan el aliento. Aquí el mar y la montaña se cruzan en cada curva, y todo huele a verde.
Este es un viaje alternativo, para quienes buscan naturaleza, senderismo y esa sensación de estar en un lugar aún poco explorado. Un viaje en grupo que se comparte entre volcanes, miradores y mercados locales. Y un viaje de aventura, porque aquí el mar, la montaña y el clima cambiante hacen que cada día sea diferente.
Las Azores y Madeira no son solo islas, son un pequeño resumen de lo salvaje y lo inesperado que puede ser Portugal. Y la mejor forma de descubrirlo es perderse en ellas.


Este viaje es para quienes disfrutan explorando con autonomía. Aquí conducimos nosotros: recorremos las islas a nuestro ritmo, cruzando carreteras con vistas de otro planeta y parando cuando nos lo pida el paisaje, el hambre o las ganas de caminar.
Las Azores y Madeira son montañosas, húmedas y caprichosas. Puede tocar lluvia, niebla o solazo en el mismo día. Así que en la mochila toca cargar chubasquero, calzado cómodo y la certeza de que el clima manda (y cambia de opinión a menudo).
A la hora de dormir toca compartir con tus compañeros de viaje habitación, ronquidos, y si no hay camas individuales, hasta colchón. Esto es parte de la aventura de viajar en grupo.
¿Y la comida? Sopa de pescado, lapas a la plancha, queso de São Jorge, bolo do caco con mantequilla de ajo, y si hay suerte, maracuyás que saben a verano. Si eres de los que disfrutan comiendo bien sin necesidad de mantel de lino, aquí vas a ser feliz.
Este viaje es para quienes buscan aire fresco, caminos con curvas, desayunos con vistas y días que empiezan sin saber exactamente cómo van a terminar. Porque en estas islas, lo inesperado no solo se acepta: se celebra.



Hoy ha sido uno de los días más espectaculares del viaje. Amanecimos con algo de niebla, pero pronto el cielo se abrió y nos dirigimos hacia Sete Cidades. Caminamos entre helechos y hortensias en flor y poco a poco, el paisaje se fue abriendo hasta regalarnos la imagen más increíble del viaje: dos lagos dentro de un cráter inmenso, uno azul y otro verde, separados por un puente que parecía de cuento. Nos quedamos en silencio, absorbiendo cada detalle de este espectáculo de la naturaleza.
Tras un picnic improvisado, pusimos rumbo a Lagoa do Fogo. La subida fue suave, pero constante, entre nubes que iban y venían. Al llegar arriba, el lago apareció como un espejismo: remoto, salvaje, perfecto. En este viaje en grupo a Azores, cada sendero nos está mostrando paisajes imposibles. Este viaje alternativo a Azores es pura conexión: con la naturaleza, con el grupo y con uno mismo. Lo bonito de viajar en grupo, es que puedes compartir que el verde era más verde y el azul, más profundo. Y nosotros… más vivos.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!