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Viajar a Islandia es como meterse dentro de un documental de la BBC… pero sin narrador y con frío de verdad. Aquí la naturaleza no es un decorado: es una fuerza que manda, ruge y a veces te salpica. Un país donde los glaciares se derriten a cámara lenta, los géiseres escupen agua como si estuvieran enfadados y las auroras boreales te dejan con cara de emoji.
No esperes un viaje de sol y sandalias. Es un viaje alternativo a Islandia para quienes prefieren mojarse (literal y figuradamente), para los que quieren explorar cuevas de hielo, caminar entre campos de lava y bañarse en aguas termales aunque esté nevando. Y sí, todo eso en grupo, compartiendo coche, risas y playlist.
Islandia se vive a ritmo de carretera. La Ring Road nos lleva por volcanes, fiordos, playas negras y cascadas que aparecen donde menos te lo esperas. Hay días que parecen tres países distintos en uno: empieza con un glaciar, sigue con una playa de hielo y termina en una piscina geotérmica bajo el cielo más estrellado que hayas visto.
Y entre tanta locura geológica, están los pueblos. Pequeños, tranquilos, con casitas de colores y sopa caliente que sabe a gloria. Aquí la gente no tiene prisa, los caballos tienen flequillo y el pan se hornea bajo tierra (sí, en serio).
Si buscas un viaje en grupo a Islandia donde tú decidas que hacer cada día, este es el tuyo. Porque en este viaje en grupo nos lo montamos sin intermediarios, con ganas de aventura, naturaleza en bruto y con ese punto de “¿en serio esto existe?” que solo Islandia puede darte.
¿Te vienes a perderte en el fin del mundo?


En Islandia viajamos en coches conducidos por nosotros mismos, y la ruta es circular y ya bastante definida. El clima puede cambiar en minutos, así que hace falta adaptarse, tener ganas de moverse y no quejarse si el viento decide que hoy toca aventura extra.
Los alojamientos son sencillos, pero bien situados. A veces podemos comer de sándwich, cocinar en los albergues y tomarnos con humor los imprevistos (como que no haya auroras… o que las haya y salgamos corriendo en pijama a verlas).
Hace falta tener buena movilidad para hacer caminatas fáciles, aguantar frío, algo de lluvia y muchas ganas de compartir la experiencia con el grupo. Porque aquí, más que en ningún otro sitio, el viaje lo hacemos entre todos.
Este es un viaje a Islandia para quienes prefieren el calor humano al del radiador, y saben que los mejores recuerdos muchas veces llegan con los pies mojados y una sonrisa en la cara.



Hoy la aventura nos ha traído hasta Hverir, y me al caminar sentí que estaba en un lugar que no pertenece a la Tierra. El suelo, de un naranja intenso, parecía hervir bajo mis pies, dibujando grietas y manchas que se mezclaban con el gris de la ceniza. Las fumarolas expulsaban nubes de vapor que olían a azufre, y el barro burbujeaba lentamente, como si el planeta respirara.
Este viaje alternativo por Islandia tiene momentos así que te hacen olvidar dónde estás en el mapa. El viento traía un calor extraño en medio del frío, y cada paso parecía acercarme a un paisaje de ciencia ficción. En este viaje en grupo a Islandia, todos nos dispersamos por ese rincón extraño, caminando despacio, intentando grabar cada uno en su memoria esos colores, el sonido de las burbujas y la sensación de estar caminando en otro planeta.
No pasa nada, tenemos más viajes con estilos parecidos que seguro te van a encantar.
¡Échales un ojo!