EN LAS LADERAS DE TIBET Días 1 a 8

Comenzamos nuestra andadura en Chéngdú, famosa por tener el mayor centro de recuperación del Oso Panda del mundo, además de sus salones de té y animada vida nocturna. Pero para nosotros será el último atisbo de civilización en bastante tiempo, y es que desde aquí nos lanzamos rumbo a Kändìng, la primera población del Sìchuán tibetano, y es que Kändìng siempre ha servido de puerta entre las civilizaciones China y Tibetana, aunque parece que a día de hoy la primera va ganando la partida...


En Kändìng podremos descubrir los primeros monasterios tibetanos, y es que estamos en la frontera de la región de los Himalayas. La carretera empieza a serpentear y hacerse cada vez más abrupta, y es que Lîtáng, nuestro próximo destino, ¡está emplazada a más de 4.000 metros de altura! Aquí disfrutaremos del espíritu tibetano en estado puro. Monasterios, chorten y paisajes de escándalo donde la cultura nómada todavía sigue vigente, y es que no desaprovecharemos la oportunidad de salir a las infinitas planicies tibetanas a descubrir la cultura local. 


DESCUBRIENDO SHANGRI-LA Días 9 a 15

Un par de largas jornadas nos esperan para alcanzar Zhõngdiàn, o como se denomina hoy en día, Shangri-la, en la provincia de Yunnan. Y es que al igual que en el libro de James Hilton alcanzar la mítica ciudad no es fácil. Aquí podremos descansar del largo viaje, tras cruzar pasos montañosos de más de 4.000 metros y seguir la ruta que realizaban las caravanas en su camino a Tíbet.

Tras reponer fuerzas, nos encaminaremos a la Garganta del Salto del Tigre, con sus 16 kilómetros de longitud y sus 3.900 metros en vertical, lo convierten en uno de los desfiladeros más profundos del mundo. Haremos una excursión de dos días, durmiendo en alguna de las pensiones que hay a lo largo de la garganta, antes de poner rumbo a Lijiang, una antigua ciudad de intrínsecos callejones empedrados, atravesada por una red de vetustos canales y rodeada de pequeñas aldeas habitadas por minorías étnicas y múltiples monasterios tibetanos. Esta ciudad patrimonio de la Humanidad atrae a numerosos turistas mayoritariamente chinos, pero una vez que te sales de las atracciones principales, consigues disfrutar en soledad de la belleza de esta ciudad. 


LOS PAISAJES DEL SUR DE CHINA Días 16 a 24

Desde Lijiang cogemos o bien un tren nocturno o un vuelo que nos lleve hasta Guìlín, en la provincia de Guängxí. Esta es una de las provincias más bonitas de toda China, y es que al norte de Guìlín podremos disfrutar de las espectaculares vistas de los arrozales dispuestos en terrazas a lo largo de una montaña de más de 1000 metros de altura, ¡toda una obra de ingeniería agrícola! No desaprovecharemos la oportunidad de pasear entre campos de arroz, para recrearse de las vistas y descubrir la forma de vida de las etnias zhuang o yao.

Nuestra siguiente parada serán los espectaculares paisajes cársticos de Yángshuò, esas fotos que hemos visto miles de veces: barcos de pescadores navegando por un apacible río rodeados de moles calizas de sorprendente verticalidad. Esta zona la descubriremos en apacibles paseos en bicicleta o para los más perezosos, con lentas balsas de bambú por el río.

Pero si buscábamos tranquilidad y relax, ésta se ha acabado, ya que el destino final de nuestro viaje es la bulliciosa Hong Kong. Rascacielos desafiantes, neones centelleantes, un puerto atestado de cargueros buscando sitio entre los numerosos juncos con motor y calles repletas de vida a cualquier hora del día, mercadillos, puestos callejeros, hoteles de lujo y viejos edificios destartalados. Todos tienen cabida en esta metrópoli en la que pasaremos un par de noches antes de emprender rumbo a casa, tras haber atravesado todo el sur de China.