EL RINCON MAS BONITO DEL MUNDO Días 1 a 4

Aterrizamos en Windhoek, capital de Namibia, y con un coche de alquiler conducido por nosotros mismos, comenzamos esta aventura africana. Nos dirigimos hacia el que quizá sea uno de los más bellos parajes naturales de este mundo: el desierto más antiguo del mundo y con las mayores dunas, las dunas de Sossusvlei. Un desierto de arena color rojo intenso contrasta con el azul intenso del cielo. Merece la pena madrugar para ver las diferentes tonalidades que nos ofrece esta maravilla visual, desde un tono parduzco antes de que salga el sol, a un naranja intenso, casi rojo, una vez que los rayos del astro inciden sobre la arena. Y salpicados aquí y allá unos árboles medio petrificados de más de 500 años de antigüedad. Si te apuntaste a este viaje para descubrir las maravillas de Africa en estado puro, en las dunas de Sossusvlei te darás cuenta que el viaje ya ha merecido la pena. ¡No te olvides de traerte memoria suficiente en la cámara de fotos para guardar todas las fotos que vas a hacer! 

 

EL LADO SALVAJE DE AFRICA Días 5 a 12

Desde Sossusvlei, emprendemos viaje rumbo hacia el norte. Nuestro primera parada será el paraje natural de Spitzkoppe, a pocos kilómetros de la impronunciable ciudad de Swakopmund. Spitzkoppe, al que algunos llaman el Ulurú Africano (la roca sagrada australiana) es un monolito de roca en mitad de una inmensa llanura que se va encendiendo de paulatinamente de un rojo intenso conforme el sol se va recostando en el horizonte.

Y aquí el camino se nos bifurca, o bien podemos recorrer las ignotas tierras de Damaraland, desérticas, solitarias, de paisajes abrumadores, o bien dar un rodeo hasta Cape Cross, para visitar una de las mayores reservas naturales de focas del mundo, y donde podremos, entre un inevitable olor a pescado, observar a cientos de focas y leones marinos y algún que otro chacal merodeando tratando de en un descuido conseguir atrapar a alguna cría. Continuamos nuestra ruta, cruzando la región de Damaraland, visitando el arte rupestre de los bosquimanos en Twyfelfontein y continuando rumbo hacia la frontera con Angola.

Poco a poco nos introducimos en la salvaje región del Kaokoveld, hogar de los Himbas, una de las tribus más fascinantes de todo el continente africano, donde destaca el color rojo con el que las mujeres tintan sus cuerpos, donde tendremos la oportunidad de comprobar como habitan en una de las regiones más remotas de África. Seguiremos explorando la región del Kaokovled hasta llegar a las cataratas Epupa, fronterizas con Angola, allí donde el río Cunene, de medio kilómetro de anchura, se despeña en un precioso circo de agua para continuar rumbo al océano Atlántico.

Este viaje es intenso a más no poder, ya que aún nos queda por ver lo mejor del viaje: El parque Nacional del Etosha, una de los mejores enclaves del mundo para observar fauna salvaje en libertad. Todos los animales se reúnen en sus charcas donde podremos contemplar sin agobios de multitud a cebras, springboks, kudus, jirafas y elefantes bebiendo de la misma charca, y aprovechar las horas menos calurosas, al atardecer y amanecer para tratar de sorprender a algún rinoceronte o algún león u otro depredador acudir a saciar su sed.
 

TRAS LOS PASOS DEL DOCTOR LIVINGSTONE HACIA LAS CATARATAS VICTORIA Días 13 a 24

Tras el Etosha, nos tocan los días más duros de viaje. Un par de días de intensa conducción, cruzando a Botswana siguiendo el curso del río Okavango hasta llegar a Maun, famoso enclave por ser el punto de partida para visitar el famoso delta del Okavango, curiosa formación natural que hace que el río Okavango muera en un delta interior en las ardientes tierras del Kalahari. Desde aquí podremos hacer un vuelo panorámico en avioneta para contemplar la rica fauna del delta desde el cielo. Manadas de elefantes, búfalos y jirafas correrán entre las pantanosas aguas bajo nuestra atenta mirada de pájaro.

Desde aquí emprenderemos el tramo final de nuestro viaje. A las afueras de Maun nos adentraremos una noche para dormir en el sorprendente salar de Makgadikgadi, un inmenso lago de sal donde contemplaremos al sol ponerse por la misma línea del horizonte y, si la noche es sin luna, podremos contemplar una bóveda celeste de 180 grados de estrellas.

La penúltima parada será el parque nacional de Chobe, perfecto enclave para disfrutar de la fauna que convive al rededor de este río: será fácil contemplar desde la barca a los elefantes, cocodrilos e hipopótamos y quizá si tenemos suerte algún guepardo perderse entre la espesura.  Y nos dirigimos al final del viaje, las archiconocidas cataratas Victoria, uno de los saltos de agua más majestuosos del planeta. Esta catarata, frontera natural a Zambia y a Zimbabwe, tiene una anchura superior al kilómetro y medio y un caída que supera los 100 metros. La vista desde ambos países bien merece la pena y nunca olvidaremos el estruendo del agua al caer, las sobrecogedoras imágenes y lo húmedo del ambiente, así que no te olvides el chubasquero. Y desgraciadamente, todo lo bueno tiene un final, y desde aquí emprenderemos el viaje de regreso a casa, pero sin olvidar este increíble viaje visitando lo mejor de Namibia, Botswana y las Cataratas Victoria