Importante: Este es un viaje especial, diferente, slow travel.... El  Transiberiano es la mítica ruta ferroviaria que unía Moscú con las provincias del este ruso. No es un tren en concreto sino una línea de tren por donde circulan varios trenes. Son muchas horas de tren, donde se podrá pasar mucho tiempo leyendo, contemplando el paisaje o disfrutando de la vida a bordo. Un viaje diferente, para viajeros diferentes. Los que se decidan a hacerlo ya saben... ¡viajeros al tren!Por el tiempo que conlleva la tramitación del visado de Rusia y la escasez de billetes de tren, esta viaje deberá contratarse al menos con 2 meses de antelación sobre la fecha de salida.
 

EL ESPLENDOR RUSO Días 1 a 6

Comenzamos el viaje en la mítica, la esplendorosa, la inigualable San Petersburgo. Si bien técnicamente hablando no es parte del Transiberiano, este viaje no sería lo mismo sin visitar la capital cultural de Rusia. Inspirada en Venecia, esta ciudad bañada por el río Neva está compuesta de suntuosos palacios de los siglos XVIII y XIX, con el Hermitage como guinda a tanta pomposidad. No es de extrañar que San Petersburgo sirviera de musa a tantos artistas rusos, y sin duda a nosotros nos deparará un buen comienzo de viaje antes de emprender viaje por la que es sin duda sea la vía férrea más legendaria del planeta.

Tras 3 días de visita en la capital de los zares, cogemos un tren rumbo a Moscú. La capital de todas las Rusias es una urbe cosmopolita, culta, energética, rebosante de rincones donde degustar el vetusto sabor soviético o las últimas tendencias artísticas. Con miles de restaurantes, bares y clubs nocturnos, Moscú ofrece de todo para todos los gustos. Sobrios edificios de ladrillo rojo se mezclan con bohemios cafés donde las nuevas generaciones se juntan para charlar. Nos recrearemos durante un par de días de estas y demás atracciones turísticas que hemos visto tantas y tantas veces en libros y fotografías: El Kremlin, la Plaza Roja, la catedral de San Basilio, con su caleidoscopio de bulbos de colores que se lanzan hacia el cielo, el teatro Bolshoi o simplemente dar un paseo por el antiguo barrio de Kitai Gorod.



CRUZANDO LA ESTEPA Días 7 a 16

Pletóricos de energía, nos volvemos a subir a la tren para embarcarnos en un viaje de más de un día hacia Ekaterimburgo, ciudad tristemente famosa por los acontecimientos acontecidos en julio de 1918 que acabaron con 3 siglos de dinastía zarina en Rusia. Pero Ekaterimburgo hoy en día es más conocida por sus restaurantes y animada vida cultural o sus agradables bosques y colinas de los alrededores, por donde discurre la línea divisoria entre Europa y Asia, de los que disfrutaremos un día antes de proseguir hacia la siguiente etapa.

Continuamos adentrándonos en la Madre Rusia en el tren que ya es nuestro hogar para enfrentarnos al trayecto más largo de esta aventura Transiberiana: 55 horas, o lo que es lo mismo, casi dos días y medio de tren cruzando la taiga rusa, disfrutando del animado vagón restaurante, entablando amistad con el resto de pasajeros, leyendo un buen libro o simplemente mirando el paisaje desfilar por la ventanilla hasta llegar a Irkutsk, capital del lago Baikal, en el corazón de Siberia. Aprovecharemos 3 días para estirar las piernas y reponernos de tanto tren para explorar las orillas del lago Baikal, o como lo denominan los lugareños, el Ojo Azul de Siberia, que ostenta el honor de ser, con sus 1680 metros de profundidad, el lago más profundo del mundo. Disfrutar de las vistas del lago desde la cima de alguna de las montañas que lo rodean o navegar hasta la isla Olkhona para disfrutar del estado salvaje del lago serán algunas de las excursiones que podremos hacer en este prístino enclave. 


ADENTRANDONOS EN LAS TIERRAS DE ORIENTE Días 17 a 24

Abandonamos la línea Transiberiana que conduce a Vladivostok y tomamos el ramal denominado Transmongoliano que nos conduce a Pekín a través de Mongolia. Y es que tras un viaje de un día y medio, haremos un alto en la capital del imperio mongol: Ulan Bator, penúltima parada del viaje. Moderna y caótica, Ulan Bator ha crecido desordenadamente, pero aprovecharemos nuestra parada en Mongolia para hacer una escapada a las verdes praderas mongolas, dar un paseo a lomos de los legendarios caballos mongoles que consiguieron someter a medio mundo y pasar una noche arropados bajo las estrellas en medio de la inmensidad de las praderas y disfrutar el auténtico sabor del espíritu nómada de sus habitantes.

Y finalmente tras una travesía de algo más de un día atravesando las verdes colinas salpicas de gers, las viviendas de los nómadas mongoles y el inhóspito desierto de Gobi, llegamos a Pekín, la gran capital de China y final de nuestro viaje de 8000 km a bordo de un tren. Peking es moderna, con grandes iconos arquitectónicos, una cocina destacada y una continua mirada hacia el futuro, sabe compaginar el siglo XXI con su importante legado del pasado. Y es que la Ciudad Prohibida, el Palacio del Cielo y la Gran Muralla siguen siendo los iconos más representativos de la Gran Capital de Oriente, que esconde sus verdaderos encantos en los rincones de sus intrincados hutong, esa amalgama de callejuelas y patios interiores entre edificios de una sola planta donde disfrutaremos perdiéndonos para saborear el verdadero ADN de la capital china.

Deambularemos durante tres días por los confines de Oriente antes de poner rumbo a casa. Pero esta vez a bordo de un avión, que tren de momento, ya lo hemos disfrutado durante un buen rato....