EN LA RUTA DE LA SEDA Días 1 a 5

Volaremos a Tashkent, capital de Uzbekistán. Esta ciudad limpia, de amplias avenidas arboladas y numerosos parques, pese a no detenernos más que un día para echar un rápido vistazo, nos agradará mucho más de lo que nos podemos imaginar. Pero es hora de conocer el Salón de la Fama de Asia Central, así que ponemos rumbo a Samarkanda, la legendaria, la mítica, el corazón de la ruta de la seda, el gran oasis de las caravanas que tras atravesar China y vadear las terribles montañas, recuperaban fuerzas antes de emprender la travesía del desierto.


El Registan es el corazón de Samarkanda. Esa foto que hemos visto cientos de veces pero que no consigue describir la majestuosidad y belleza ante la que nos encontramos. Compuesto de 3 enormes madrazas de grandes portones decorados con teselas, es el icono más famoso de la Ruta de la Seda y de toda Asia Central. Pero Samarkanda tiene mucho más que ofrecernos, como la mezquita de Bibi-Khanym o el espectacular conjunto de mausoleos de Shah-I-Zinda, muy cerca del simpático bazar de Siob, donde podremos degustar los sabrosos dulces uzbekos, así como el famoso pan de Samarkanda. Pero lo mejor de todo, es que si Samarkanda es la ciudad más famosa del viaje, no es la más bonita, así que tras el primer contacto con la riqueza de Uzbekistán, ponemos rumbo a Bukhara, la ciudad más sagrada de Asia Central.


TRAS LAS CARAVANAS DE ORIENTE Días 6 a 12

Bukhara es como un decorado de película. Imperturbable durante cientos de años, su casco antiguo no ha cambiado desde hace siglos, y es una sorpresa de bazares cubiertos, pequeños mercadillos por doquier. En cualquier pequeña madraza, las habitaciones de sus antiguos estudiantes, están hoy en día ocupadas por los artesanos locales, manteniendo el interior tal y como lo utilizaron los discípulos de la época. Disfrutaremos perdiéndonos por sus calles y visitando sus numerosas madrazas, a cada cual más espectacular, contemplando sus numerosos minaretes como el de Kalon y las espectaculares murallas del Ark, la imponente fortaleza real, que fue habitada durante más de 1500 años hasta que los soviéticos la bombardearon. El interior está en ruinas, pero el exterior es simplemente impresionante.

Nuestro siguiente destino es Khiva, la que antaño fue el centro de las caravanas de esclavos. Hoy en día no es necesario realizar un viaje de varias jornadas a camello evitando las violentas tribus del desierto de Kyzylkum, pero sí que necesitaremos una larga jornada en coche para alcanzar esta pequeña joya de la Ruta de la Seda.

A Khiva la denominan como la ciudad-museo, y es que las callejuelas comprendidas dentro la ciudad amurallada, lo que denominan Ichon-Qala, aún huelen a historia. La fortaleza real, el denominado Kuhna Ark del siglo XII, nos recibe nada más cruzar las imponentes murallas. El resto son solo palacios de suntuosos interiores, madrazas de imponentes portalones y agradables patios y sorprendentes mezquitas desde tras una peligrosa ascensión por empinadas escaleras de caracol puedes acceder a lo alto de los minaretes y observar la belleza de Khiva a vista de pájaro. Regresamos a Tashkent en tren para desde allí volar a nuestro próximo destino.


YURTAS EN VALLES PERDIDOS Días 13 a 22

Llegamos a Bishkek, la desconocida capital de Kirguistán, y con el tiempo justo para descansar, ponemos rumbo hacia las profundidades montañosas de esta antigua república soviética. Nuestra primera parada será en Kochkor, apacible ciudad del centro del país y una base perfecta para explorar el mágico lago Song-Köl, al que llegaremos tras una excursión a caballo de dos días, para una vez allí, dormir en una yurta (la construcción de los nómdas de Asia Central) y disfrutar de los paisajes de este bello lago de alta montaña, emplazado a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Nuestro siguiente destino es la ciudad de Karakol, en la cabecera del lago Issyk-Köl. Típica ciudad soviética, de amplias avenidas y con un animado mercado de animales los domingos. Pero una base perfecta para explorar las montañas y valles de los alrededores, como es el idílico valle de Altyn Arashan, al que se accede tras hora y media de una tortuosa pista (sorprendente que un coche consiga subir por ahí), pero el destino final bien merece la pena: Un idílico valle rodeado de montañas de 4000 metros donde puedes aprovechar para dar paseos, disfrutar de la naturaleza virgen y bañarte en alguna de las numerosas fuentes termales que nacen en este rincón de la cordillera Tian.

Desde Karakol emprenderemos el regreso a Bishkek, contemplando por la ventanilla como vamos dejando atrás las montañas, contentos de haber descubierto la increíble belleza y amabilidad de sus gentes, de este desconocido viaje por Kirguistán, un país que ahora ya sí, sabremos localizar en el mapa y quedará para siempre en nuestros recuerdos.